Pensé que Mateo probablemente seguía en el estudio. Me puse una bata y salí a buscarlo.
Cuando me acerqué a la puerta escuché su voz del otro lado, baja y controlada, pero con un tono muy serio.
—Dile que deje de codiciar lo que no le pertenece. Si hace cuatro años pude derribarlo, cuatro años después también puedo hacerlo desaparecer de Ruitalia.
—¿Quiere matarme? Ja, ja, ja... entonces dile que lo voy a esperar.
Me quedé quieta frente a la puerta, con el corazón encogido. Seguro estaba hablando con alguien del círculo de Waylon. Al parecer lo de Alan era más complicado de lo que pensábamos. Waylon ni siquiera quería hablar con él cara a cara. ¿Será que lo estaba obligando a presentarse para rogarle en persona?
Con Alan como rehén, Mateo estaba en una posición completamente vulnerable. No le quedaba más que aceptar las condiciones que Waylon pusiera, y eso era lo que más rabia me daba.
No quise interrumpirlo, así que regresé a la habitación en silencio. Pero una vez en la cama me resultó imposible dormir. Tenía la mente llena de pensamientos y preocupaciones.
Si lo que Waylon quería era dinero o algún beneficio material, todavía había solución. Lo peor sería que en serio buscara la muerte de Mateo.
Me revolví entre las sábanas durante mucho tiempo. Cuando Mateo regresó yo aún seguía despierta. Entró, vio la luz encendida y que yo me movía inquieta. Sonrió.
—¿Desde cuándo estás despierta? ¿No puedes dormir?
Me senté y extendí los brazos hacia él, buscando un abrazo. Sonrió con ternura y me abrazó.
—¿Qué pasa? ¿No puedes dormir si no estoy contigo?
Aunque su voz sonaba ligera y sonreía, sus ojos escondían tristeza. Apoyé la cabeza en su pecho y pregunté en voz baja:
—¿Qué es lo que quiere Waylon?
La mano de Mateo se tensó un poco sobre mi hombro.
—Todavía no lo sé —respondió—. Mañana voy a hablar con él en persona.
Suspiré sin insistir. De repente se me ocurrió una idea. Me aparté un poco de sus brazos y lo miré con seriedad.
—¿Waylon tiene algún punto débil?

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