Luki me pasó la tarjeta y dijo:
—Mami, esta venía con los regalos.
Bajé la vista. En cuanto leí las primeras líneas confirmé lo que temía: era de Waylon.
La tarjeta blanca traía varias frases: "Recién llegué a Ruitalia y traje unos obsequios de cortesía para estos dos niños tan lindos. Aurora, ¿te gustaron? La última vez, en Valkitlaz, conocí a estos pequeños y me encantaron. ¿Cuándo vas a salir con ellos para que nos veamos, Aurora? Ja, ja, ja. Como no contestas mis llamadas solo me queda dejarte una nota. Espero tu llamada."
Así que los números desconocidos que intentaron comunicarse por la tarde sí eran de Waylon.
Después de hablar anoche con Mateo, ya sospechaba que Waylon había cambiado de objetivo y ahora me apuntaba a mí. Por eso, para evitar caer en alguna trampa, no contesté ninguna llamada de números que no conocía.
Pero recordé algo que Alan me dijo: por lo que vivió de niño, Waylon nunca lastimaría a los niños. Entonces, ¿por qué ahora mostraba tanto interés por Embi y Luki? ¿Qué estaba planeando en realidad?
Solo pensar que había amenazado con la vida de Mateo me ponía la piel de gallina. Lo único que podía hacer era cuidarme bien y no convertirme en una carga para él.
No le devolví la llamada a Waylon. ¿Quién sabía qué jugada estaba preparando?
Casi a la hora de la cena llamé a Mateo para preguntar si iba a regresar a casa. Se escuchaba muy ocupado, seguro estaba en una reunión.
—Voy a tardar un poco más, no llego a cenar —me dijo.
Pensé contarle lo de los regalos que mandó Waylon, pero cuando lo oí tan atareado decidí esperar.
Después de colgar llamé a Asher. Aunque seguía lesionado se negaba a descansar por la culpa que sentía.
Me contó que Mateo no había logrado reunirse con Waylon en todo el día. Ni siquiera le contestaba las llamadas y solo mandaba a un subordinado para despistarlos.

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