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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 1212

Me sentí tremendamente inquieta.

Me senté de golpe y encendí la luz del cuarto.

El lado de la cama de Mateo ya no tenía su calor.

Eso solo quería decir una cosa: se había ido hacía rato.

Me preocupé y me acerqué a la ventana.

En el jardín, bajo la luz tenue de los faroles, unos guardias patrullaban en silencio.

El auto que Mateo dejó esa tarde en el ala este del patio... ya no estaba.

¿Se fue?

¿A dónde podía ir a estas horas?

Cuando recordé lo extraño que estuvo en el día y sus palabras enigmáticas, la ansiedad me dio dolor en el pecho.

Con las manos temblorosas, tomé el teléfono y lo llamé.

Por suerte, esta vez no ignoró la llamada.

Se demoró, pero al final contestó.

—Aurora, ¿qué pasa?

Su voz grave y serena fue como una caricia.

Se me calmó un poco el corazón.

—Desperté y no te vi. ¿Saliste? —pregunté.

Por la bocina se oyó su risa, y junto a ella... el viento.

Un viento fuerte, como si estuviera en un lugar abierto.

—Parece que solo puedes dormir tranquila si te abrazo —bromeó.

—Si algún día no estoy a tu lado...

—¡Para ahí! —lo interrumpí de inmediato, molesta.

—No salgas con tonterías que dan mala suerte.

Mateo se rio un poco.

—Quise decir... si algún día tengo que viajar por trabajo, ¿qué vas a hacer tú?

—Pues me voy contigo —contesté sin pensarlo.

No podía evitarlo.

Últimamente esa sensación de desasosiego no me dejaba en paz; solo me tranquilizaba cuando estaba con él, cuando lo veía bien.

Después de un silencio breve, Mateo habló con voz más cariñosa.

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