Con fuerza, me solté de la mano de Michael y le sonreí:—Tranquilo, voy a hablar como se debe con este señor Bernard. Al final, el proyecto tiene bastante potencial, las ganancias pueden multiplicarse un montón. Él es bueno para hacer negocios, seguro ve que es una buena oportunidad.
Mateo sonrió, tranquilo, sin decir nada.
Estaba clarísimo que no vino por el proyecto, vino por mí.
O sea, ya sabía que yo estaría representando a EC Media en esta reunión.
Pero, ¿cómo lo supo? ¿Desde cuándo lo sabía?
Hoy cuando me llamó, sonaba como si no supiera ni dónde trabajaba.
Y yo misma recién me había enterado de que Michael era el dueño de la empresa.
Pensé en cómo Michael me convenció de venir.
¿Será que lo hizo a propósito? ¿Era su informante?
Sacudí esos pensamientos y le ofrecí otra copa a Mateo.
Después seguí explicando las ventajas del proyecto, intentando que se interesara.
Mateo no le prestaba mucha atención a lo que decía, pero cada copa que le ofrecía, se la tomaba sin rechistar.
Donati y Ciferri vieron eso y pensaron que lo estaba provocando.
Entonces comentaron:
—Oye, secretaria, ¿solo brindas con él? ¿Y nosotros estamos pintados?
—Concuerdo con mis camaradas, ¿qué pasa? ¿Acaso EC Media no nos toma en serio?
—Disculpe, lo lamento, me distraje —contesté con una sonrisa torpe—. Voy uno por uno, también brindaré con ustedes.
Ellos también le tenían respeto a Mateo, así que como les dije que iba primero con él, no se quejaron más.
Fui hacia ellos para brindar.
Donati llenó tres copas y me miró, con una sonrisa:
—Una por una no tiene gracia, ¿no les parece? Si de verdad quieres que invirtamos, muestra que lo dices en serio. Tómate estas tres.
Ciferri no se quedó atrás. Llenó cinco copas y dijo:
—Si tomas tres con él, ¿no deberías tomarte cinco conmigo? Así me demuestras que te importa convencerme.
Y así, tenía ocho copas llenas frente a mí.


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