Con mi típica sonrisa, me acerqué a Mateo y le dije:—Señor Bernard, ¿me permite ofrecerle una copa si no le molesta?
Sin esperar respuesta, me acerqué para servirle vino.
Pero, de pronto, puso la mano sobre la copa y, mirando a Michael y Javier con una sonrisa burlona, preguntó:
—¿Esto es lo que ustedes consideran talento? ¿Servir vino para quedar bien? Vaya, su empresa sí que anda escasa de talento.
Michael abrió la boca, pero no alcanzó a decir nada. El tranquilo Javier sonrió y contestó:
—Brindar es algo básico, ¿no cree? Señor Bernard, ¿no será que está siendo un poco duro con Aurora?
Mateo miró hacia abajo y, después de un rato, se rio un poco y quitó la mano.
Le serví el vino con cuidado, luego me serví una copa para mí, la levanté y le dije:
—Mejor les ofrezco un brindis.
Mateo no dijo nada. Solo alzó su copa, brindó conmigo y se la tomó de un solo trago.
Al parecer, no fue tan difícil que aceptara el primer brindis.
Después me acerqué a Ciferri y Donati para brindar también.
Al ver que Mateo había tomado, ellos no pusieron peros y aceptaron sin más.
Volví a mi lugar y les sonreí a ambos:
—Estamos aquí con mucho respeto porque valoramos esta oportunidad. Por eso vinieron los dos jefes de nuestra empresa. Si mi presencia les pareció fuera de lugar, les pido disculpas.
La decisión de invertir es toda suya. No importa si tengo o no experiencia, al menos escuchen mi presentación. Y si quieren, pensemos en esto como una cena entre conocidos.
Ciferri y Donati miraron a Mateo, como esperando su reacción.
Cuando vieron que no decía nada, se limitaron a murmurar.
Como no se negaron, saqué los materiales del proyecto que preparé y les pasé una copia a cada uno.
Tal como esperaba, ni los miraron. Solo dejaron los papeles a un lado, como si no les importaran.
No me detuve en eso. Con una sonrisa tensa, empecé a explicar las ventajas del proyecto, los beneficios que traería su inversión.
Mateo se recostó en la silla y nos miró con una sonrisa irónica.
Tenía esa expresión burlona que incomoda solo de verla.
Botó el humo de su cigarro y con ese mismo tono le preguntó a Michael:
—Entonces, ¿cuál es el motivo por el que la trajiste?
—Ya te dije que no sabía que vendrías —le contestó Michael, serio.
Mateo se rio sarcásticamente:
—¿Me lo juras?
Ver cómo la tensión entre los dos iba creciendo me llenó de ansiedad.
¿Así cómo se supone que íbamos a hablar de negocios?
Yo solo quería ayudar a Michael con esta inversión… y con eso, saldar de una vez los dos millones que mi papá le debía.

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