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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 18


Capítulo 18

Maichael rompió el silencio tenso y dijo:

-Habla, ¿cuánto pagaste por su familia? Si yo hubiera regresado antes, no habrías tenido que poner ni un centavo.

Mateo se rio.

-¿Si? Si yo no, tú menos.

-Eso no lo sabes -respondió Michael con seguridad. -Si yo hubiera estado aquí, Aurora habría venido a buscarme primero.

¿Buscar a Michael para pedirle ayuda?

Tal vez, supongo. Las suposiciones siempre carecen de una respuesta definitiva.

Los dedos largos y delgados de Mateo golpeaban la mesa imitando el ritmo de una canción.

Aunque parecía un gesto casual, era amenazante.

El ambiente era tan pesado que casi me faltaba el aire, cada golpe sobre la mesa hacía que mi corazón latiera con más fuerza.

Intentando romper la tensión, me aferré a su brazo, sonreí y lo miré:

-¿Ya comiste? ¿Qué te parece si volvemos a casa? Hoy cociné especialmente para ti.

Mateo me miró, su cara era de indiferencia, pero su voz era de burla.

-¿Volver a casa? Siempre que no estoy, te escapas corriendo para verte con alguien. ¿Cómo vas a querer regresar?

No supe cómo responder. Su comentario no era del todo incorrecto; desde su perspectiva, eso era lo que había pasado. Cualquier explicación que pudiera dar sonaría falsa.

Mateo, tan frio y distante como siempre, apartó mi mano y sonrió sarcásticamente.

-Mi presencia, al final, solo arruinó su pequeña platica.

Después de esa declaración, me lanzó una mirada tan penetrante que sentí que buscaba en lo más profundo de mi alma. Luego, levantó y se fue.

Su sombra, alta y misteriosa, me llenaba de miedo.

Mi corazón se estremeció, y sin pensarlo, intenté seguirlo.

Michael me detuvo, sujetando mi brazo.

-Aurora, ¿por qué te rebajas de esta manera para complacerlo? Tú no eras así.

Valerie suspiró.

-No la culpes. Mateo ahora da miedo, y encima ella le debe dinero. ¿Qué otra opción tiene?

-Dime cuánto es -intervino Michael, mirándome intensamente. -Yo puedo pues pagarlo.

-Sí, Aurora. Déjalo antes de que sea demasiado tarde.

Por mi cabeza pasaron mil cosas al mismo tiempo. No podía dejar de pensar en las palabras de Michael:

-Esa mujer es muy importante, muy especial.

Si era tan importante para Mateo, ¿por qué me tocaba?

¿De verdad solo quería humillarme?

Desesperada por detener la tormenta en mi mente, aparté las manos de Michael y respondí en voz baja:

-No se preocupen por mí. No estoy atrapada, y no permitiré que él me atrape. Lo prometo.

Prometer siempre es fácil, cumplir es lo difícil.

Salí corriendo del restaurante y, para mi alivio, el auto de Mateo aún estaba estacionado frente a la entrada.

Me olvidé de todo lo que recorría mi mente, у subí rápidamente al coche, mostrándole una sonrisa descarada.

-¿No te has ido? ¿Estabas quizás esperándome?

Mateo me miró de reojo, su voz era cortante.

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