Apenas Waylon dijo esa frase, algo en el aire cambió, y supe que no era mi imaginación. Un segundo después, noté junto a mí una presencia densa e imposible de ignorar; miré de reojo y vi al entrenador Darío, alto e inmóvil, con una expresión muy amenazante; miraba a Waylon como si evaluara dónde enterrarlo.
Esos dos… ya se conocían perfectamente, y aun así se seguían midiendo cada vez que coincidían. Y encima estaba Waylon, que vivía para provocar; porque si el mundo no ardía, él echaba más leña al fuego. En las manos, Darío traía una bandeja con exactamente lo que me gustaba comer. Para desactivar la bomba, me levanté enseguida, le tomé la cintura con una sonrisa y le dije:
—¡Qué atento eres! Trajiste justo todo lo que me gusta.
Yo no había terminado de hablar cuando Henry fingió unas náuseas exageradas y puso una cara de desprecio enorme. Respiré hondo, haciendo un esfuerzo por tener paciencia, porque en el fondo sabía que su enojo nacía de una lealtad mal canalizada.
El entrenador Darío dejó la bandeja frente a mí; bajó la mirada y por un instante se le asomó la ternura, pero habló muy rudo.
—Come. Solo sabes perder el tiempo con esos caribonitos. Ves uno y se te iluminan los ojos.
Qué fácil le resultaba, bajo ese disfraz, acusarme de cualquier cosa.
Waylon se recostó en la silla, listo para disfrutar el espectáculo; mientras yo me senté y empecé a comer, porque no tenía hambre… hasta que olí la comida.
Entonces Waylon comentó, con un tono lánguido:
—Qué hombre tan magnánimo es Darío. Su mujer se va a "ver" con el ex y él igual le trae comida. Así debería ser un hombre: de corazón noble.
"¿A quién trataba de provocar?"
Lo miré y respondí enseguida, mientras le tomaba el brazo al entrenador Darío:
—No digas tonterías. Yo no fui a ninguna cita, y él llegó a tiempo. No fue como tú lo pintas. Además, yo ahora estoy muy bien así. No intenten sembrar discordia; si sienten celos, vayan a congraciarse con la señorita Alma en vez de desquitarse conmigo.
Y, para rematar, le di un beso rápido en la mejilla al entrenador Darío y le dije:

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