Capítulo 22
Tal vez muy pronto, todos sepan que soy la amante de Mateo. Para entonces, la que alguna vez fue la orgullosa hija de los Cardot no será más que el chisme predilecto en las mesas de Ambarada.
Mis padres, aún incrédulos, no dejaban de preguntarme si era cierto que Mateo y yo nos habíamos divorciado.
Al confirmarles que sí, mi papá, lleno de rabia, empezó a insultar a Mateo y a toda su familia.
Mi hermano, que estaba escuchando todo desde un rincón, dijo:
-Ya nos pagó todas las deudas y además les dejó unos diez mil extras. ¿Qué más pues quieren? ¿No recuerdan cómo lo trataron antes?
Que haya hecho tanto por nosotros ya es más de lo que merecíamos.
-Pero eso no le da derecho a dejar a nuestra Aurora en cuanto se hizo rico -mi mamá dijo, llena de indignación.
Suspiré, cansada, y les respondí:
-¿Por qué no? Él nunca me quiso, ni me debía nada. Que me dejara es lo más lógico del mundo.
Mi mamá se quedó sin argumentos, callada por un momento.
Fue mi papá quien, desesperado, rompió el silencio:
-Aurora, aunque ya no estés casada con él, pedirle setenta mil no debería ser un problema, ¿no? Anda, hija, ayuda a tu papá. En tres días van a venir por el dinero, y no quiero que me corten las manos.
Mi mamá, llorando, también se aferró a mi brazo:
-Sí, Aurora, por favor, ayúdanos. Mateo tiene tanto dinero... Si se lo pides, y lo haces recordar los buenos momentos que tuvieron, seguro te los da.
-¿Los buenos momentos?
Me reí con amargura, no pude evitarlo:
-¿Qué buen momento vale setenta mil?
Pero ellos seguían presionándome y manipulándome.
Mi hermano, harto de escucharlos, les gritó:
-¡Ya basta! ¡Aurora es una persona, no una herramienta! Ella fue nuestro orgullo, nuestra pequeña princesa. ¿Cómo pueden seguir humillándola de esta manera? ¿Pidiéndole que se arrastre para pedir dinero a alguien que ya la despreció?
Mi mamá se tapó la boca para detener su llanto.
Mi papá quiso responder algo, pero mi hermano no le dio oportunidad:
-No vuelvan a ponerla en esa situación. Yo me encargaré de juntar ese dinero en tres días, aunque me cueste la vida. Pero no vuelvan a usarla para solucionar sus problemas, ¿estamos?


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