Capítulo 266
—Mateо...
Lo miré con los ojos llorosos, suplicando:
—Hoy no me siento bien, ¿puedes dejarme tranquila?
—¿No te sientes bien? —Se sentó frente a mí, fingiendo preocupación mientras me observaba.
—¿Qué te pasa?
—Me duele la panza —mentí rápido.
—Debe ser que comí mucho y no me cayó bien, en serio me duele un montón.
—Ajá... —Mateo pasó sus dedos por mi cabello que caía sobre el hombro—.
—Entonces mejor vamos al hospital a checarte.
—¿Al hospital?
—Claro. Así me quedo tranquilo.
Se levantó y sacó ropa limpia del clóset como si nada.
—Levántate —ordenó mientras se ponía la
camisa.
—El hospital queda cerca. Te revisamos la panza, y de paso, un chequeo general.
Casi me pongo a llorar.
¡Este tipo es un maldito monstruo!
Mateo vio que no me movía y pareció dudar:
—¿Qué pasa? ¿Ya no te duele?
Con el corazón acelerado, respondí:
—Mejor tomo agua y descanso, no hace falta ir al doctor.
—¡No! —Se acercó con esa mirada que no acepta negocios.
—El dolor de panza puede ser estómago. Vamos al hospital y listo.
Mientras hablaba, ya metía la mano bajo las cobijas para sacarme.
Asustada, le agarré el brazo:
—Mateo...
Dejó de sonreír y me miró serio:
—¿Sigues con tus excusas?
—Yo... tengo miedo... ¿Puedes ir más lento...?
Sonrió y al tumbarme murmuró algo como "bobita".
Lo que pasó después borró todos mis pensamientos.
Por el bebé, me porté demasiado obediente.
Y a él le encantó.
Fue sorprendentemente cuidadoso, lo que me confundió más.
Al final, me quedé dormida en sus brazos, agotada.
A la mañana, el despertador sonó. Siempre lo pongo a las 7 para ir a la obra.
Me senté de golpe por costumbre, pero unos brazos fuertes me volvieron a tumbar.
—¡Ay! —grité al ver a Mateo medio dormido a mi lado.
Dormido, me miró y me susurró:
—No te muevas.
Me quedé paralizada unos segundos hasta que recordé lo de anoche.
Al sentir su calor cerca, mi cuerpo se tensó.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)