Apreté los labios. Por dentro, no sabía exactamente qué sentir.
Era como si me hubiera quitado un peso de encima, pero al mismo tiempo me invadía una tristeza amarga y profunda.
Valerie dijo de repente:
—Sí, Aurora y Javier son el uno para el otro, hechos a la medida. Están saliendo, ¿y qué? ¿Acaso tienes celos?
—¡Valerie! —la interrumpí de inmediato, haciéndole una seña con los ojos para que dejara de decir esas cosas.
Después de todo, Javier era una celebridad. Si empezaban a haber rumores por ahí, su reputación podría verse afectada.
Valerie hizo una mueca y le lanzó una mirada fulminante a Camila.
Camila se cubrió la boca, luego habló con un tono contento:
—¿Celosa yo? Por favor, todo lo que ella tiene, yo también lo tengo. Y lo que no tiene, también lo tengo. Así que no hay nada que me cause celos.
—¿Ya terminaste? —le dije, sin emoción.
Si ya lo había dicho todo, entonces que nos hiciera el favor de irse. Que no moleste mientras comemos.
Camila bajó la vista hacia nuestra comida.
Con esa actitud de buena samaritana, preguntó:
—Ay, ¿y por qué están comiendo esto? Aunque sea para llevar, podrían pedir de un lugar más caro, ¿no creen? Se ve... tan simple, ni antoja.
—¿Por qué no te callas ya? —le dijo Valerie, molesta.
—Esto lo cocinó Aurorita con sus propias manos. Ni el restaurante de cinco estrellas que tanto presumes le llega a los talones a su sazón. ¡Ni uno de diez estrellas!
A pesar del tono molesto de Valerie, Camila ni se inmutó. Más bien fingió sorpresa:
—Ah, ¿tú cocinaste todo esto, Aurora? No sabía que sabías cocinar.
Yo seguí comiendo con la cabeza baja, sin intención de responderle.
Pero entonces Camila gritó hacia donde estaba Mateo:
—¡Mateo, mira! Esta comida la hizo Aurora con sus propias manos. Yo pensaba que ni sabía cocinar, pero mírala. Parece que desde que anda con Javier, la niña rica hasta cocina por amor.
Le lancé una mirada furiosa, y al instante mis ojos se cruzaron con los de Mateo.
Sus pupilas eran oscuras, y se burlaban de mí.
De inmediato aparté la mirada, con el corazón apretado y sin ganas de comer.
En ese momento, Mateo se levantó y se fue.


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