Capítulo 51
Él comenzó a qultarme la ropa.
Lo empujé otra vez:
- ¿Entonces podrías transferirme el dinero ya?
- Espera un momento... - Mateo besó el lóbulo de mi oreja, y con una voz rasposa dijo.
-No te voy a mentir.
Sabía que no me mentiría, pero no tenía tiempo, de verdad.
Lo empujé y, en voz baja, le dije:
- Mándamelo ya, lo necesito ya porque yo...
Mateo se molestó, era obvio, y el deseo en sus ojos casi desapareció. Tiró de su corbata con furia y dijo:
- Aurora, ¿sabes qué estamos haciendo ahora?
Me sigues empujando y hablas solo de dinero, ¿de verdad, solo piensas en el dinero?
- No es así, Mateo, estoy muy apurada, yo...
- ¡Basta! - Mateo me empujó y, con desprecio, dijo -. Lo único que tienes en la cabeza es
dinero, no tiene sentido seguir así.
- Mateo... - lo miré con los ojos llenos de lágrimas.
Él no me miró, parecía muy enojado. Prendió un cigarro, lo fumó y luego, con una risa burlona, dijo:
- No te preocupes, el dinero que te prometí, te lo voy a dar.
Sacó su celular y, casi al instante, mi celular vibró. Él no dijo ni una palabra más, tomó su abrigo que estaba en la silla, y salió. Lo observé irse, y mi corazón se sentía roto.
Ahora, seguro me veía como una mujer sin dignidad.
Saqué mi celular y vi la notificación de una transferencia de un millón a mi cuenta. Mateo me había dado cien mil más. Realmente, a pesar de todo, incluso si me odiaba, nunca fue tacaño conmigo.
Él, con su generosidad, siempre me hacía sentir culpable y triste. Le transferí el dinero a mi papá.
Inmediatamente, ml papá me llamó.
- Mija, įqué bien! Sabía que, si eras tú, Mateo no iba a negarnos nada.
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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)