Mamá estaba sentada en el sofá, con una tristeza tan grande que se le notaba en la cara.
Alguna vez fue una mujer elegante y refinada, pero ahora su piel se veía pálida y su cuerpo, desgastado.
Verla así me puso muy mal.
—Mamá, dime la verdad. En el fondo ya sabías que papá tenía otra, ¿verdad?
Mamá sonrió con amargura:
—Desde que su inversión comenzó a funcionar, empecé a notar algo raro. Pasaba días enteros sin volver, y cuando volvía, no decía ni una palabra y se echaba a dormir. Si le preguntaba algo, no me tenía nada de paciencia, solo me reprochaba y me reprochaba. Hasta que un día lo seguí... y lo vi... lo vi acostado con una muchacha.
Cuando llegó a esa parte, mamá se cubrió la cara y empezó a llorar de desesperación.
Yo temblaba de la rabia.
—¡Voy a buscarlo ya mismo!
—No, Aurorita… —mamá me agarró fuerte.
—Aunque lo enfrentes, no servirá de nada. Solo harás que nos deje aún más en vergüenza.
—¿Y qué? ¿Vamos a dejar que siga con esa aparecida? ¿Acaso ya no le importamos? ¿No le importa su familia? —le grité, dolida.
Pero mamá solo me miraba fijamente, con las lágrimas cayéndole sin cesar.
—¿Crees que no discutí con él? Esa misma noche lo confronté. ¿Y sabes qué me dijo? Me dijo que le gustaba esa mujer. Que ella era rica, buena para los negocios. Que era la mujer más brillante que había conocido, y que solo quería estar con ella. Me dijo que el éxito de su inversión era gracias a ella.
Mamá me agarró del brazo, con su cara llena de lágrimas invadida por una desesperanza profunda.
—No sirve de nada. Aunque vayas a hablarle, él solo quiere a esa mujer. Ya no nos quiere, ni a ti ni a mí, ni a esta familia. Ese día incluso... me pidió el divorcio.
—¿Qué? —la miré sin poder creerlo.
Hasta hace un momento pensaba que papá solo estaba jugando, pero ahora resulta que esa mujer lo tenía comiendo de la palma de su mano.
Mamá me sentó en el sofá otra vez.
Tomó el teléfono y me dijo con voz apagada:
—Ya no importa. A estas alturas, que haga lo que quiera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)