—Lucy... —le dije, imitando a propósito el tono con el que le hablaba a mi papá.
Pero ella no reaccionó en lo absoluto.
Intrigada, rodeé la mesa para ponerme frente a ella.
Y para mi decepción... esa mujer no era la amante de mi padre.
—Aurora...
En ese momento, Camila y Mateo también entraron al local.
Lo que me sorprendió fue que Camila cojeaba al caminar, como si tuviera una pierna mala.
Eso me dejó intrigada. Algo cruzó por mi mente fugazmente... tan rápido que no alcancé a captarlo.
—Aurora, ya está aquí mi amiga. Dime tú si es o no la que intentó acostarse con tu papá.
Apenas terminó de hablar, la mujer se quejó, molesta:
—¿Qué? ¿Yo con el papá de ella? ¡Está loca! ¿Por qué iba a querer acostarme con un viejo?
—Ay, Lola, no te enojes. Déjala que te vea bien, si no nunca se va a quedar tranquila —le dijo Camila, fingiendo un tono de disculpa.
La mujer suspiró, y cuando vio a Mateo, en su cara apareció una sonrisa coqueta.
—Ay, bueno... solo porque tú me lo pides. Total, perder un poco de tiempo no es gran cosa. Pero, Señorita Martínez, después tendrás que pedirle al Señor Bernard que me compense por esto, ¿ok?
En los ojos de Camila pasó un destello de rabia, aunque ella seguía sonriendo como si nada:
—Por supuesto. Me da pena hacerte venir sabiendo lo ocupada que estás.
Luego me miró a mí:
—Aurora, ahí la tienes para que hablen. Por favor, apúrate, que Lola está muy ocupada.
Fijé la mirada en esa tal Lola. No me cabía la menor duda de que no era realmente amiga de Camila.
Si lo fuera, ¿por qué llamarla "Señorita Martínez "? ¿Por qué hablarle como si no le tuviera confianza?
Además, esa mujer no dejaba de lanzarle miradas insinuantes a Mateo, ni trataba de esconder sus pretensiones.
Camila odia que otras mujeres se acerquen a Mateo.
Así que, ¿cómo iba a tener de amiga a una mujer que se le insinuaba abiertamente?
Solo había una explicación: esa mujer no era la misma con la que habló por la mañana.
Probablemente la consiguió a última hora, alguien con un cuerpo, ropa y peinado idénticos a los de la mujer que vi en la mañana.
Y eso solo podía significar una cosa: la mujer de esta mañana sí era la amante de mi papá.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)