—¿Además de lastimarte, qué más sabe hacer ella? En cambio Camila es diferente... —Sayuri habló mientras la acercaba a su lado, y miraba a Mateo con seriedad.
—Camila es educada, comprensiva, sabe cuidar de los demás. Si estás con ella, serás feliz. En cambio, esta tal Aurora, jamás te ha tratado como a un esposo. En el fondo de su corazón, te desprecia. Si ahora es amable contigo, es solo porque te va bien. Te apuesto lo que quieras a que, si volvieras a estar en la ruina, ni siquiera te voltearía a ver.
Aunque por dentro no estaba de acuerdo en lo absoluto con lo que decía Sayuri, y me moría de ganas por responderle con un par de verdades, recordé lo que me había dicho Valerie: que los conflictos entre suegra y nuera es mejor dejárselos al hijo. Así, toda la ira de la mamá se dirigirá a su hijo y no a la nuera.
Con ese pensamiento, apreté los labios y aguanté, sin decir nada.
Mateo me lanzó una mirada disimulada, sonriendo un poco.
Apretó suavemente mi mano y me dijo con una voz amable:
—Es tarde ya, ve a casa a cenar, ¿sí?
—Ajá, voy a preparar algo y luego te lo traigo.
—Está bien —asintió él, sus ojos brillaban de ternura, y al mirarlo, mi corazón se llenó de dulzura.
Me volteé hacia Sayuri y le dije:
—Suegra, entonces yo me voy primero, más tarde...
—¿Cuál suegra? ¡Cállate de una vez! —Sayuri reaccionó de inmediato, y me gritó con furia.
Mateo le habló, claramente molesto:
—Ella es mi esposa, tu nuera. Si no te dice suegra, ¿cómo debería decirte entonces? Si te dice Sayuri, seguro también te quejarías.
—¡Niño...! —Sayuri se puso tan roja de rabia que parecía a punto de explotar.
Yo le apreté los dedos a Mateo y lo miré como regañándolo:
—No le hables así. Mi reputación no es buena, es normal que ella tenga reservas conmigo. El tiempo lo dirá, poco a poco hablaremos con ella, seguro que va a acabar aceptándome.
Después de todo, solo era una actuación. ¿Y quién no sabe actuar?
Mateo se aguantó la risa y asintió:
—Tienes razón.
Así, entre una frase y otra, Mateo y yo nos pusimos a exhibir nuestro amor como si nadie más estuviera en la habitación, dejando muertas de la envidia tanto a Sayuri como a Camila.
Especialmente Camila, que ya casi no era capaz de poner esa cara inocente de falsa bondad.
Bajo sus miradas llenas de odio, recogí mi bolso y me marché con toda la tranquilidad del mundo.
Apenas salí de la habitación, escuché a Sayuri gritándole a Mateo.
Sus reproches estaban llenos de rabia, enumerando todos mis defectos y supuestos errores.

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