Mateo asintió.
—La verdad, eres bastante inteligente y buen trabajador; antes, con la buena situación de tu familia, lo que te faltaba era un poco de ambición. Ahora, si entras a la empresa, voy a pedirle a Asher que te guíe. Estoy seguro de que vas a destacar.
El cumplido y la propuesta fueron tan inesperados que mi hermano no lo podía creer.
Mi mamá le dio un codazo para que reaccionara.
—Mateo quiere que trabajes en su empresa, respóndele.
—Sí… sí, encantado —dijo mi hermano, tratando de controlar la emoción— Si consigo ese puesto, voy a dar lo mejor de mí y no te voy a decepcionar.
Yo sabía que estaba súper emocionado, primero porque por fin alguien le daba una oportunidad así y reconocía lo que valía; y segundo, porque quería progresar en su carrera para poder darle a su novia una mejor vida.
Esa noche, como siempre, me pidieron que no durmiera en casa.
Pero esta vez no fue mi mamá la que me echó, sino mi hermano.
—Mamá ya me tiene a mí para hacerle compañía, no te preocupes, además esta casa es chiquita, tres personas aquí es demasiado, así que mejor quédate en la de tu esposo.
Esa última frase le encantó a Mateo.
Cuando nos fuimos, le regaló a mi hermano un auto deportivo, Carlos no paraba de sonreír de la felicidad.
En lugar de llevarme directo a la villa, Mateo me tomó de la mano y nos fuimos caminando.
La nieve invernal tenía algo romántico, y hasta el viento parecía acariciarnos suavemente.
Me llevó a la orilla del Ruitalia, donde varias parejas estaban paseando.
Me acomodó la bufanda, tapándome todo menos los ojos.
—Aurora, también tengo un regalo para ti.
—¿Eh? —pregunté, mirándolo— ¿Qué es?
Sonrió, sacó el teléfono e hizo una llamada.
Después me indicó que mirará al cielo.
De la nada, escuché un estallido.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)