Capítulo 78
Ya no aguantaba más sus cambios de humor y su bipolaridad.
Grité, enojada:
-¡Siempre estás enojado! Si eres tan bravito, ¡pues aléjate de mí!
-¿Crees que no lo haría?
Mateo gruñó, empujándome contra la puerta.
Sentí un dolor fuerte en el tobillo, y al instante, cerré los ojos del dolor. Podía como mis ojos se humedecían.
Mateo me miró a los ojos, amenazante:
-¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? Hace un momento hablabas muy fuerte, ¿no?
Aparté la cara, dejando que las lágrimas cayeran en silencio.
Mateo se rio:
-¿Ahora te quieres hacer la débil delante de mí?
Je, ¿crees que eso funcionará conmigo?
Aunque sabía que a él no le importaban mis
lágrimas, escuchar esas palabras hizo que mi corazón se sintiera herido.
Rápidamente me limpié las lágrimas, tratando de no mostrar debilidad frente a él.
Mirando sus ojos llenos de desprecio, de repente, entendí la ironía de la situación.
Entendí que esto es, en parte, mi culpa.
Al final, no era más que una amante oculta para él. Pero, de alguna manera, no pude evitar desafiarlo de esa manera, gritarle. Pero había hecho que se enojara demasiado.
Debería haber dejado que se calmara, sin llorar, sin quejarme, sin gritar. Simplemente debería haberlo complacido en todo.
Sin embargo, aunque ya me había rendido y seguido su juego, estaba aún más molesto que antes.
Esa rabia contenida y ese odio parecíana punto de estallar en cualquier momento.
De repente, se rio y, entre dientes, dijo:
para pensar en sus palabras.
Después de tanto, el dolor de mi tobillo fue insoportable, forcejeé intentando levantarme, llorando y gritando de dolor. Por fin, se detuvo, y me miró con desprecio, diciendo:
-¿Alguien como tú, sin corazón, también siente dolor?
No le hice caso a sus burlas, simplemente empujé su pecho y, casi suplicando, le dije:
-Si necesitas desahogarte, ¿podría ser en otro momento? Hoy realmente no me siento bien.
Pero a él no le importaba en absoluto, no mostraba ni una pizca de compasión.
Con una sonrisa, respondió:
-¿No te sientes bien? Entonces vamos a otro lado.
Y, con esas palabras, me levantó y me arrastró hacia las escaleras.
Mi tobillo ya no resistía más, y caí al suelo, abrumada por el dolor.
Mateo se dio vuelta, indiferente,a punto de decir algo, pero cuando vio mi tobillo hinchado y morado, su expresión cambió un poco.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)