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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 79

Capítulo 79

-¿Aurora...?

Mateo me miró sorprendido.

-¿Te lastimaste?

Contuve el dolor, para evitar que él pensara que estaba exagerando. Se agachó para ver mi tobillo.

Yo lo retiré un poco, para que no lo viera bien.

Eso no le gustó, me agarró la pierna y, con firmeza, tiró de mi pie.

Observó mi tobillo hinchado por unos segundos y, con cara seria, dijo:

-¿Por qué no dijiste nada?

-¿Por qué debería decirlo? ¿De verdad crees que si lo digo te importaría?

Le sonreí con sarcasmo.

Mateo me miró fijamente por un rato, sin decir nada. Luego me levantó y me puso en el sofá.

Se arrodilló, puso mi pie en su mano y con la otra mano comenzó a masajear suavemente la

zona inflamada de mi tobillo.

Aunque me dolía mucho, me sorprendió su actitud y la forma en que me trataba.

Al mirarlo así, parecía haber vuelto a ser el Mateo de antes, el atento y comprensivo. Fue entonces cuando me di cuenta de que el Mateo de antes era realmente muy bueno, tan bueno que incluso lo comenzabaa extrañar.

Mientras pensaba en eso, de repente, escuché su VOZ:

-¿Cuándo te lastimaste el pie?

Miré hacia otro lado y respondí con indiferencia:

-Esta mañana, cuando me sacaste del carro, corrí a la empresa y entonces me lastimé el pie.

Al escuchar eso, su cara se puso más seria. Claro, no se disculpa por lo de esta mañana, sino que se enoja porque no hice nada con la herida.

Solo piensa que soy inútil, que me lastimé el pie por correr un momentico. Mientras pensaba eso, él se enojó y me dijo:

-¿Eres tonta o qué? Te lastimaste el pie esta mañana y aún no has hecho nada para curarlo.

¿Acaso quieres quedarte con una discapacidad para toda la vida?

Me quedé mirándolo, atónita.

Entonces, ¿estaba molesto no por lo de esta mañana, sino porque no había tratado mi herida a tiempo?

Me di vuelta y miré a Mateo, que ya subía al piso de arriba.

Esperé a que desapareciera por la esquina de las escaleras, y entonces, aguantando el dolor en mi tobillo, me decidí a caminar hacia la cocina.

Debía apurarme, comer algo, luego tomar un baño y, después, revisar los documentos del proyecto que Carlos Cardot me había dado.

Por fin, llegué a la cocina, abrí el refrigerador y vi que había muchos ingredientes frescos.

Parece que doña Godines había hecho mercado hoy, pero no esperaba que Mateo le diera un día libre a los empleados.

No sabía qué quería hacer él con eso de, de repente, darles el día libre si no era ningún día festivo. Pensando en esto, comencé a mirar los ingredientes, buscando algo fácil de preparar.

-¿Qué estás haciendo?

De repente, una voz molesta me sorprendió desde la puerta.

Me asusté al ver a Mateo, sosteniendo algo que parecía un frasco de medicina, con una expresión seria en su cara, mirándome fijamente.

Me quedé quieta, sin saber qué hacer, preguntándome por qué se había enojado otra vez.

Él caminó rápidamente hacia mí y, sin decir palabra, me levantó y me llevó afuera.

-¿Con el tobillo hinchado y te pones a caminar por ahí así como así? ¿De verdad quieres quedarte inválida de por vida?

Ese regaño era como un baldado de agua fría en mi cabeza.

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