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Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo) romance Capítulo 907

Cuando bajé después de guardar el regalo, Alan salía de la cocina y las tres bolsas negras ya no estaban.

—¿Qué llevaste a la cocina? —le pregunté.

—Bah, solo vi unas cosas curiosas en el camino y las compré para ustedes. Aurora, Valerie y yo no comimos, ¿podemos quedarnos a cenar aquí? —respondió con una sonrisa despreocupada.

—Está bien —asentí—, pero Mateo no está en casa. Es probable que hoy no regrese.

Ese hombre todavía estaba molesto, incluso me había bloqueado.

Lo conocía bien: seguramente no regresaría en toda la noche.

Alan y Valerie se miraron con preocupación y enseguida me preguntaron si había peleado de nuevo con Mateo.

Les conté, a grandes rasgos, lo que pasó con la actividad en la escuela y lo del abrazo frente a la entrada.

Valerie apretó los labios sin decir nada.

Alan, con el mentón apoyado en la mano, me observó y dijo:

—No es para tanto. Mírate, toda angustiada. Ese hombre es fácil de contentar, créeme. Con que lo consientas un poco, se le pasa.

—Pero me bloqueó. No tengo cómo hablarle.

—¡Yo lo llamo! —dijo Alan, sacando su teléfono.

Marcó dos veces hasta que al fin contestaron.

Puso el altavoz y la voz seca de Mateo se escuchó:

—¿Qué quieres?

—Vine a cenar a tu casa, ¿por qué no estás aquí?

—Lo que quieras comer, que te lo prepare doña Godines. Yo no volveré esta noche.

Tal como temía, no pensaba regresar. Quizá ni en varios días.

Alan me miró de reojo y siguió hablando al teléfono:

—Pero si doña Godines se fue a cuidar a su nieto. Yo no acepto excusas: vine desde lejos, así que tienes que recibirme. Además, quiero ver a mi ahijado y a mi ahijada, tráelos de una vez. Ah, y por cierto, Aurora tampoco está; la llamé y me dijo que no regresaría. Así que al menos uno de ustedes tiene que regresar a atendernos a Valerie y a mí.

Al otro lado se oyó un suspiro de fastidio.

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