Los dos doctores se quedaron sorprendidos.
Uno de ellos me miró, dudoso, y preguntó:
—¿De quién hablas? ¿Quién tiene una enfermedad del corazón?
Estaba a punto de responder, cuando Carlos se abalanzó sobre mí y me jaló del brazo:
—Aurora, ya no preguntes. Con que Camila esté bien es suficiente.
Me molesté cuando lo miré.
La reacción de Carlos era demasiado extraña.
Se supone que él debería ser el más preocupado por la enfermedad de Camila, ¿no?
A menos que Camila nunca hubiera estado enferma y él ya lo supiera.
Con eso en la cabeza, le quité la mano de un manotazo, señalé a Camila en la camilla y le pregunté al doctor:
—Es ella, la que supuestamente tiene una enfermedad grave del corazón. Dígame, ¿esa enfermedad no es un problema?
Mientras yo hablaba, tanto Mateo como Javier se le quedaron viendo fijamente al doctor, con una mirada de sospecha.
El doctor parecía todavía más confundido.
—No —dijo—. Antes de empezar el tratamiento le hicimos un chequeo completo. Aparte de la mordedura de la serpiente y el envenenamiento, no tiene ningún otro problema de salud. Ese supuesto problema grave del corazón no existe.
Cuando lo oí, me quedé impactada.
¡Lo sabía!
¡La enfermedad de Camila era mentira!
Siempre pensé que, aunque estuviera enferma, no podía ser tan “conveniente” cada vez.
Era obvio que fingía, y aun así esos hombres ciegos le creyeron, preocupándose por ella como si fuera de verdad.
Recordar que varias veces Mateo me hizo a un lado por esas “crisis” de Camila me llenó de coraje.
Me reí, me llevé una mano al pecho y le dije a Mateo, con una sonrisa sarcástica:
—Mateo, me duele... estoy muy mal...
—¡Pff! —Valerie no pudo aguantar la risa, y se agarraba la panza mientras se sacudía.
La cara de Mateo se puso seria. Me agarró por la nuca y, con una voz que contenía su molestia, dijo:
—¡Deja de jugar!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Nunca conoces a quien tienes al lado (Aurora y Mateo)