Como siempre, el tono de Austin era interrogatorio, pero a Dawn ya no le importaba. Respondió con frialdad:
—Soy libre de salir con quien quiera. Tío Austin, no irás tan lejos como para limitar mis amistades, ¿verdad?
Austin había estado desaparecido durante los últimos días. Ahora que había regresado de repente, era obvio que Sydney había acudido a él para quejarse de nuevo. A Dawn le resultaba divertido que Sydney la viera como una especie de rival.
—Si tienes algo que decir, tío Austin, ve al grano. Quiero descansar.
Austin nunca la había visto tan impaciente. Apretó los dientes y dijo:
—Dawn, parece que has crecido, ¿eh? Ya es bastante malo que salgas con gente cuestionable, ¿pero ahora me hablas con esa actitud?
Dawn levantó la cabeza.
—¿Y a qué te refieres con «gente cuestionable»?
«Solo había ido de compras con Alice. ¿El hecho de no decírselo lo convierte en cuestionable?».
Austin, no obstante, reparó en la bolsa de compras que ella llevaba. No hacía mucho, Sydney lo había llevado a esa misma tienda, la cual se especializaba en moda masculina a medida. Aunque no era una marca de lujo, tampoco era asequible.
Dawn solía pagar con la tarjeta adicional de Austin, pero ese día él no había recibido ninguna notificación de compra. Además, conocía a sus dos mejores amigas, y ninguna era adinerada. Esto solo podía significar que Dawn había ido de compras con un hombre, ya que, de otra forma, ¿por qué habría estado en una boutique masculina? La expresión de Austin se ensombreció.
—¿No te lo he dicho antes? No te acerques demasiado a los chicos con malas intenciones. Nunca están en realidad interesados en ser tus amigos.
—A tus ojos, parece que todos, excepto tú, tienen malas intenciones. —Dawn lo miró directo a los ojos y dijo—: Pero tío Austin, ya no soy una niña. Aunque estuviera saliendo con alguien, sería perfectamente normal. Además, ¿no es eso lo que tú quieres?
Austin se quedó por un momento desconcertado.
«Sí. Si Dawn empezara a salir con alguien, ya no se aferraría tanto a mí».
Sin embargo, sintió una punzada en el pecho al pensar en ello. Austin tragó saliva y desvió ligeramente la mirada.
—Puedes salir con alguien, pero tiene que ser alguien de confianza. Dawn, solo quiero lo mejor para ti.
Dawn lo miró fijamente sin expresión alguna durante un momento. No tenía ningún interés en seguir discutiendo sobre eso. Apretando los labios, se limitó a decir:
—Fui de compras con Alice. No hay por qué preocuparse. —Con eso, se dio la vuelta y subió las escaleras, guardando en una caja el regalo que había comprado para Ethan.
Había considerado contárselo a Austin al principio, pero la reacción de él la hizo descartar la idea. Temía que, si se enteraba, ella ni siquiera pudiera marcharse de Trifton.
Austin la observó subir las escaleras, con una mezcla de emoción en sus ojos. En ese instante, su teléfono sonó. Se dirigió al sofá, se sentó, y se frotó las sienes antes de responder la llamada.
—Austin, ¿estás en casa? —se oyó la voz suave y preocupada de Sydney—. Dawn ya es una chica mayor. No seas demasiado duro con ella solo por lo que le he dicho. Aunque no lo demuestre, seguro que te lo reprochará.
«Esa chica ya había dejado muy claro su resentimiento».
Austin soltó una risa ahogada.
—No le he dicho nada.
Al otro lado de la línea, Sydney apretó la mandíbula.
«Le había llorado desconsoladamente, pero él ni siquiera había reaccionado».
Reprimiendo su frustración, preguntó:
—¿Dawn está… bien?
—¿Qué podría pasarle?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Obediencia nunca más, él es el que merezco