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Obligada A Ser Su Amante romance Capítulo 100

Su primera vez con Selene no tenía que haber sido así. Había sido paciente durante años para que ella se entregara voluntariamente; sin embargo, todo se había salido de control.

Los celos.

La idea de que ella pudiera estarlo engañando lo había llevado a tomar la peor decisión.

El punto era que Selene no lo estaba engañando —o al menos eso esperaba—, pero sí se había enterado de quién era verdaderamente.

La máscara se había caído por fin. Eso era bueno y malo, aunque más malo que bueno por muchos motivos. El principal era que ella ahora lo veía como un peligro para su hijo. Lo supo la noche anterior, cuando lo sacó de la habitación de Alan sin dejar que terminara de leerle un cuento. Pero no era así; no era un peligro. Claro, exceptuando lo que había ocurrido entre ellos, donde no había podido controlarse.

Pero respecto a Alan, lo amaba. Era su hijo, aunque no de sangre. Sin embargo, eso no había sido impedimento para que se creara un vínculo entre ellos.

Por eso ahora se encontraba en la puerta del colegio de su hijo, esperándolo, mientras sonreía a la maestra y lo veía correr animadamente en su dirección. No importaba qué tan molesta pudiera estar Selene: eso no afectaría su relación con Alan.

—¿Quieres ir por un helado, campeón? —Le sacudió los cabellos cuando llegó hasta donde se encontraba.

—¡Sí, papá!

El niño lo abrazó y sintió ese cariño sincero.

—Vamos —le tendió la mano y Alan se la aceptó al segundo, mientras caminaban hacia el auto. No le había avisado a Selene que lo recogería, pero no necesitaba hacerlo. Alan también era su hijo; eso decía en la partida de nacimiento. Así que ella no lo apartaría de él. No lo permitiría. Punto.

El niño, su hijo, no dejaba de contarle cómo le había ido en clases. Era muy inteligente. Lamentablemente no se parecía en nada a Selene, pero sí que se parecía mucho a… El solo pensamiento le hizo apretar los puños. Aquel era un problema del que se estaba encargando. O del que esperaba encargarse pronto.

—¿Hay algún avance con nuestra tarea? —preguntó en clave a uno de sus hombres, mientras el pequeño Alan se concentraba en mirar el recorrido que estaban llevando por la ventanilla del auto.

—Parece que sospecha algo —respondió su secuaz con cautela—. Contrató seguridad y no se le ha visto solo últimamente.

—¿Y qué hay de su trabajo?

—No ha aparecido en la clínica en la última semana.

—¿Quiere decir que no han podido encontrar un hueco para cumplir con la labor? —Alzó la voz, enfureciéndose por la ineptitud de sus hombres—. No creo que sea tan difícil acabarlo.

—¿De qué hablas, papá? —interrumpió Alan, girándose en su dirección. Sí, quizás había hablado demasiado alto, considerando el pequeño espacio.

—No es nada, pequeñín —intentó sonreír—. Solo se trata de un trabajo molesto. Algo que tengo que solucionar pronto.

—Oh, es como la tarea —pensó el niño con inocencia—. A veces también me molesta que me manden tantas en el fin de semana.

—Sí, justo así.

[...]

Selene ya había notado que la estaban siguiendo.

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