Cuando llegó a casa, todavía no había señales de Marcos ni de su hijo. Decir que esto no le desesperaba era una gran mentira; porque lo hacía, mucho.
Sin embargo, ¿qué haría la Selene que se mantenía en la ignorancia en esta situación?
Sin duda, ella no armaría un escándalo. Esperaría sumisamente hasta que llegaran con una sonrisa. Suspiró. Eso era justo lo que haría. Pero ahora, debía encargarse de otro asunto.
Se dirigió a la cocina y se sirvió un vaso de agua mientras se llevaba la pastilla a la boca. La había comprado de camino a casa, tratando de no pensar demasiado en lo ocurrido hacía menos de veinticuatro horas. Pero no pensarlo no hacía que se borrara. Sucedió. Marcos la violó, y recordarlo no solo le generaba dolor físico, sino también en el corazón. Especialmente en el corazón.
Lo último que deseaba era sufrir más consecuencias de esa violación; que una pequeña vida se formara en medio de tan espantosas circunstancias.
Un bebé no merecía eso. Merecía ser amado, deseado y soñado por sus padres. Claramente, ninguno de esos requerimientos se estaba cumpliendo en este caso.
Se dio la vuelta, pero entonces se encontró de frente con su hermana.
Clarie se acercó a abrazarla al instante, como si presintiera de alguna forma que lo necesitaba. Ya no era la misma adolescente de antes; había crecido demasiado. Era incluso más alta que ella, con ese cabello marrón, largo y abundante.
—Algo no está bien, ¿cierto? —le dijo separándose un poco, pero sin romper el contacto.
No pudo hacer otra cosa que sonreír con tristeza. Su hermanita lo había notado; se había dado cuenta esa mañana en medio del desayuno.
Asintió mientras sus labios se fruncían, intentando no soltar el sollozo que se había formado en su garganta gracias a esa simple pregunta.
«¿Estás bien?», era la única persona se lo había preguntado.
—Es Marcos, ¿verdad?
A pesar de su condición, Clarie era una chica muy inteligente. Hablaba con soltura, tenía un sexto sentido para analizar a la gente; eso sin mencionar que sus calificaciones eran excepcionales. Había estado por un tiempo muy insistente con la idea de estudiar medicina, pero las oportunidades para jóvenes con síndrome de Down eran muy escasas. Así que había optado por estudiar Ingeniería Genética, donde no solo podía investigar sobre su condición, sino también crear terapias nuevas para jóvenes con menos posibilidades.
En resumen, su hermana era un ángel. Y como todo ángel, había podido darse cuenta de su dolor. También había podido darse cuenta de la persona que lo había causado.
—Es por Marcos —asintió—. Esto que te diré solo debe quedar entre nosotras, Clarie. No puedes comentárselo ni siquiera a nuestra madre —bajó la voz, mirando hacia la puerta—. Marcos no es quien dice ser, Clarie. Él… está en cosas peligrosas. Necesito que te mantengas lo más posible alejada de él. Escúchame bien: evítalo —pidió—. Evítalo a él y a sus hombres hasta que yo pueda sacarlos de aquí.

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