Cuando Tatiana recibió ese bolso de edición limitada, le cayó el veinte de golpe: ¿esto no era el hombre de su amiga sobornándola?
—Sani, ¿por qué el Sr. Camoso me mandó un bolso así de la nada? ¿Tú le dijiste algo?
—Taty, perdón… Ayer pregunté lo de esa pantalla publicitaria. Me dio miedo que él pensara que a mí me importaba demasiado, así que dije que tú me lo habías comentado por casualidad. Perdón, ¿no te vas a enojar?
—Ah, ya. —Tatiana sonrió con un aire muy suyo.
¿Cómo iba a enojarse? ¡Esto era el “gracias por el paro”, el pago por haberle echado la mano!
Con eso ya quedaba clarísimo: Evaldo llevaba rato con la mira puesta en su amiga.
—Está bien. Entonces dile gracias al señor Camoso de mi parte. No voy a hacerme la ofendida.
—Sani, el señor Camoso sí es bien detallista. Marco en años jamás me había regalado algo así de caro.
Cobró y, de inmediato, a trabajar. El día que se casaran, Tatiana ya se veía sentada en la mesa principal, faltaba más.
-
—Sani, tu suegro me invitó a quedarme unos días en su finca de descanso. Dicen que hasta tiene un escenario, que va a traer gente para que haya show.
Sania sabía que a la abuela le encantaban los espectáculos y cualquier tipo de presentación.
Y no era común que la abuela hiciera tan buena mancuerna con el papá de Evaldo.
—Está bien, abuela. Llévate a la enfermera, cuídate. Cuando ya te canses, voy por ti.
—No hace falta. Sandro no va a dejar que se te pierda tu abuela. ¡Tú tranquila!
Así, la señora mayor, feliz de la vida, les creó a los recién casados unos días extra para estar a solas.
Si no fuera porque su nieta no estaba de acuerdo, a ella le habría encantado mudarse y darles más espacio.
Sania no le dio vueltas. Por la tarde vio unas fotos que le mandó la enfermera: la abuela feliz viendo el show. No notó nada raro.
Hasta que por la noche volvió a casa y se dio cuenta de que hasta Lucía había pedido permiso para descansar.
Pero la cena siempre la hacía Lucía.
Sania sonrió con amargura. Abrió el refri: quedaba algo de comida. Tenía mucho sin cocinar y pensó que podía preparar un par de cosas.
Al fin y al cabo, Evaldo la había ayudado tanto… hacerle de comer como agradecimiento no sonaba mal.
Con esa idea en la cabeza, Sania abrió una app y decidió intentar una receta nueva.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado