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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 303

Al salir del baño, Ramona todavía traía el vapor pegado a la piel. Vio a Roque recargado en la cama, completamente despierto, y apretó los labios.

—¿Ya? —Roque alzó una ceja—. Ven, duerme.

—Sí.

Con el corazón hecho un lío, Ramona caminó hasta el otro lado de la cama.

Apenas se sentó, él se inclinó de golpe hacia ella.

Los ojos de Ramona se abrieron más. Se echó para atrás. —Oye… eso… yo todavía no estoy lista.

Roque la miró con calma, entre serio y burlón. Estiró el brazo por un lado de su cabeza.

Paf.

Apagó la luz.

—Cuando diseñaron el cuarto, el apagador lo pusieron solo de un lado.

En la oscuridad, Roque soltó una risa ligera, despreocupada. —¿Tú qué creíste que iba a hacerte?

—Duerme.

Ramona no supo qué decir.

Si hubiera habido luz, se le habría visto la cara roja, a punto de echar humo.

En toda su vida, nunca se había sentido tan ridícula como en ese instante.

Tal vez por lo tensa que estaba, no tardó en quedarse dormida con la respiración pareja.

-

Cuando Ramona abrió los ojos, se encontró otra vez en un campus que le resultaba familiar y a la vez extraño.

Un hombre de traje estaba recargado en una pared, con el rostro duro. —¿De verdad vas a terminar conmigo?

Ramona apretó los labios. Por dentro estaba hecha un manojo de nervios, pero su boca dijo la frase que parecía ya escrita. —Sí. De verdad.

Al decirlo, sintió la boca amarga.

—Ajá.

La voz de Roque sonó fría, con un filo de burla. —Ramona, ¿no te vas a arrepentir?

—Si te vas hoy, se acabó. De verdad.

Ramona se fue soltando. —Sí… gracias. Duerme. Solo fue un sueño.

Ramona cerró los ojos, pero el mensaje seguía nítido en su cabeza.

Su mamá había estado enferma antes… ¿su ruptura con Roque tenía que ver con eso?

-

Isabella Mena fue al aeropuerto a despedir a Pilar Cepeda.

—Vete tú primero. Cuando termine lo que tengo pendiente acá, voy a verte.

Pilar se rio. —Qué cosas. Se suponía que era una bienvenida para ti por volver al país, y al final la que se va soy yo.

—Isabella, olvídalo. Te mereces algo mejor.

Isabella sonrió suave. —Lo sé.

Ella no había vuelto para intentar algo con Evaldo Camoso. Solo quería mirar, mirar de lejos a quien alguna vez le gustó.

La vez pasada, después de que Josué le abrió los ojos, Pilar se fue sin armar escándalo. Eso hizo que Evaldo la viera con otros ojos.

Que se fuera al extranjero era lo mejor. Al menos así, las moscas fastidiosas se iban, y ya nadie podría estar tramando cosas contra su esposa.

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