Ramona no recordaba a qué hora se había quedado dormida la noche anterior.
Sentía como si todo su cuerpo hubiera estado flotando en el mar, subiendo y bajando.
No había ni un solo lugar, que no le doliera.
Roque tenía 34. Desde que se separaron, estuvo soltero siete años completos.
Siete años aguantándose demasiadas cosas.
Y ayer… las soltó todas.
—¿Ya despertaste?
Un beso frío, suave, le cayó sobre los párpados.
Ramona no se aguantó y le puso los ojos en blanco.
Se dio la vuelta y se escondió la cara en la cobija.
—No desperté. No me hables. Quiero dormir.
Ese tono medio caprichoso sonó igualito a cuando apenas empezaban.
Los ojos de Roque se llenaron de ternura.
—Está bien. No te molesto. Si te da hambre, pide servicio al cuarto. Yo voy por Iván.
Si no iba ya por el niño, se le iba a armar.
Ramona había pensado ir con él a recoger al hijo, pero en ese momento ni moverse podía.
Apenas llegó al aeropuerto, una carita guapa pero con gesto de pocos amigos se le plantó enfrente a Roque.
—¡Papá! ¿Cómo que me ibas a traer y me dejaste?
—¡Eres bien malo! ¡Eres un mentiroso!
Roque alzó una ceja.
—Iván, ¿ya no quieres una hermanita?
Iván todavía estaba enojado, pero no entendía qué tenía que ver que lo dejaran tirado con lo de una hermanita.
Al final tenía seis años; esas cosas no las captaba.
—Sí quiero… pero no me puedes dejar.
En su cabeza se armó la escena de que cuando naciera la hermana, su papá lo iba a hacer a un lado. Se le apretó el pecho.
Se le llenaron los ojos.
—Papá… ¿cuando tengas una hermanita ya no me vas a querer?
Roque soltó una risa breve.
—Ya, no hagas drama. Vámonos. Vamos a recoger a tu mamá y a comer.
Padre e hijo hicieron las paces rápido.
En la tarde, Roque contrató a un fotógrafo para que les tomara unas fotos de viaje.
Iván también le pidió que les grabara un vlog.
Quedó feliz.
—Papá, ¿esto lo puedo subir a internet?
—Mi cara no puede salir. Lo demás, sí.
Por la posición de Roque, no era cualquier cosa.
Iván hizo un puchero.
—¿Quién quiere subir la tuya? Yo quiero subir la que es con mi mamá.
Ramona sonrió suave y se sentó con el niño a ver cómo editar el video.
En ese instante, entendió lo que era la felicidad, pero en algo que se podía tocar.
El hombre estaba recargado a un lado, sonriendo con los ojos.
El hijo pegado a él, con risas y alboroto.
Ella se sintió, por primera vez en mucho tiempo, completamente llena.
Como si en la casa entrara una hermanita más… y tampoco fuera algo malo.
-
Federica, con el pleito del divorcio con su esposo, se salió del programa.
Y como después ya no hubo grabaciones donde conviviera con otras futuras mamás, Sania grabó el reality dos meses completos, feliz.
De los chismes en internet, de la gente que los “shippeaba”, y de los que esperaban verla caer… a ella ya le daba igual.
Solo quería que el bebé creciera sano.
Evaldo le consiguió el permiso.
—¡Jajaja! Pues qué casualidad, yo ya tengo niño y niña.
Jacob se quedó mudo.
—Papá, ya vas a tener nieto y nieta. Sani trae parejita. ¿La abuela está ahí? Pásamela.
Los dos viejitos estaban felices.
Al final, Evaldo no se olvidó de llamar a Roque.
—Roque, perdón, pero otra vez te gané. Yo primero voy a tener niño y niña.
Roque se quedó sin palabras.
Que su hermano se pusiera así de insoportable… aun así, desde el fondo, se alegraba por él.
—Felicidades.
Después de colgar con todos, Evaldo llevó a Sania al hotel.
—Mi amor, voy a comprarle unas cosas a mi papá. Tú quédate aquí, descansa. En una hora regreso.
Sania no entendía por qué no la llevaba, pero tampoco insistió.
—Está bien, ve.
Evaldo le besó la frente y salió.
Cuando volvió, traía dos amuletos.
—Como sé que me vas a decir que soy supersticioso… hace un mes vine una vez. Me dijeron que aquí pegaba mucho. Hoy vine a agradecer y pedí tres amuletos.
—Uno es tuyo, y estos dos son para los bebés.
Sania sonrió.
—Entonces los de los bebés guárdalos tú. Cuando nazcan, se los das.
Evaldo sonrió leve.
—Va.
Se inclinó y besó la panza.
—Bebés, su papá se los guarda. Y ahí adentro no le hagan la vida difícil a su mamá.
En ese momento, Sania se sintió inmensamente feliz.

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