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¡Papá compró una mamá psicóloga! romance Capítulo 34

Lizbeth

Miro nerviosa al hombre sentado frente a mí en esta colorida mesa, los niños juegan en el área de juego a unos metros de nosotros y me siento demasiado observada por todas las mujeres de este lugar. Nunca me ha gustado la atención, así que me siento un poco sofocada.

—¿Qué tal estuvo el día? — comento algo incómodo — ¿fue difícil?

—Realmente no — mi esposo no despega sus ojos de los míos — pero estar sin duda ha sido lo mejor de todo — sonríe, ¿Qué tal tu día?

—Bien… — respondo nerviosa — de hecho, fue agradable poder tomarme un tiempo lejos de las prácticas — no quiero sonar desanimada, pero la verdad es que agradezco no escuchar al molesto doctor que atendía a Lucas acusarme de ser la culpable de que ya no fuera su doctor — aunque me gustan son bastante atosigantes.

—Te ofrecí un trabajo más leve, pero lo rechazaste.

Comenta mi esposo, la chica que atiende las mesas se acerca con una sonrisa demasiado amplia para dejar el café que Jeremías pidió, me siento molesta cuando descaradamente deja una servilleta garabateada junto al café y no puedo evitar chasquear mi lengua con disgusto.

—¿Sucede algo?

Mi esposo ignora a la chica para mirarme, niego moviendo mis ojos hacia la mujer un tanto preocupada con mi expresión antes de responder.

—Me siento un poco disgustada con el servicio cariño — Jeremías alza una ceja ante esa palabra — al parecer el servicio tiene tiempo para dejar números de teléfono a hombres casados.

La chica abre sus ojos avergonzada, toma rápidamente la servilleta antes de mover sus ojos hacia mí con una disculpa apresurada.

—Disculpé, señora, pensé que estaba divorciada, usted no lleva anillo y…

—Márchese antes de que me sienta más molesta — le respondo — incluso si el no fuera mi marido, no debería dejar su número a cualquier hombre sentado con otra mujer.

—Lo siento señora.

La chica huye de la mesa, mira a mi marido que ha sonreído de oreja a oreja ahora de una forma bastante atractiva y siento que el ataque de celos que acabo de tener me abofetea en la cara. La vergüenza viene al instante, el hombre, frente a mí, extiende su mano sobre la mesa y mira mis dedos pensativos.

—Supongo que ella tiene razón — me dice — creo que deberíamos ir a escoger unos anillos más tarde.

Aparto mi mano de él, cuándo siento esa electricidad, volver a moverse sinuosa por mi cuerpo, las imágenes de nuestro beso se mueven una vez más hacia mis pensamientos y decido hablar de algo más que el extraño sentimiento entre los dos.

—Ho, no es necesario, en realidad creo que no es lo más importante ahora — acaricio el lugar donde tocaron sus dedos distraídamente — Creo que deberíamos hablar de lo que mi profesor sugirió.

—¿Qué sugirió?

La actitud de mi esposo cambia al instante, el bebe un sorbo de su café esperando mis próximas palabras e intento que ese cosquillear en mi pecho no crezca ante la importancia que demuestra con respecto a Lucas.

—Me pidió que lo llevara a su consulta para examinarlo más a fondo, también me dijo que en cualquier caso debíamos pasar más tiempo con el niño — lo miro nerviosa — sé que tu trabajo es bastante complicado, pero quizás si pudieras al menos pasar cuatro horas con él antes de que el día terminara las cosas estarían bien además… — miro hacia el salón de juegos — también sugirió que el niño estuviera más cerca de otros niños, la interacción social es crucial para el tratamiento.

—Comprendo, creo que podríamos pasar más tiempo juntos — me señala — en especial tú, por alguna razón mi hijo está fascinado contigo — sonríe — y para ser sincero creo que estoy entendiendo un poco por qué.

Él sonríe una vez más, lo veo beber otro trago de su café y supongo que algo ha cambiado entre los dos, me gustaría decir que no me agrada, pero sería una mentira. Me cuestiono si podré seguir evitando hablar de ellos, pero después de unos minutos decido hablar de lo que realmente estoy interesada en preguntarle.

—Jeremías… — lo llamo por su nombre intentando empatizar un poco más — sé que me dijiste que no querías que los niños fueran a una escuela, pero, hace unos días, decidí llevarlos a ver un colegio para ver la reacción de los niños y…

Trago grueso, el baile voraz de las mariposas en mi estómago se hace más intenso y cuando mi esposo peina mi cabello hacia atrás siento que mi corazón corre tan rápido que en cualquier momento explotará.

—Que hay que discutir — murmuro — yo… Yo no creo que tengamos que hablar sobre lo que sucedió.

Me pongo en pie para regresar a mi asiento, Jeremías me observa durante un momento y luego se cruza de brazos inclinándose sobre su silla.

—Me interesas — admite — por algún loco motivo no puedo sacarte de mi cabeza y aunque no puedo decir que te amo, quizás te deseo, quizás quiero seguir besándote o algo más, ¿Qué opinas de eso?

¿Qué opino?

Que podría opinar sobre que este hombre exasperante que me hace sentir de esta forma. Carraspeo sin poder mirarlo realmente a la cara y escucho el murmullo dentro de mi cabeza que dice que debería dejarle claro que no quiero hablar de eso.

—Estoy interesado en explorar un poco más esta sensación — comenta — sé que dijimos que no haríamos nada más allá de fingir ser una pareja, pero quizás podríamos tener un roce más… — busca la palabra — íntimo, lejos de nuestro contrato o cualquier situación o lazo emocional, creen no suelo proponer este tipo de cosa espero quizás podríamos pasarlo bien juntos.

Abro mis ojos ante su sugerencia, él me mira con una sonrisa en sus labios que me hace morder uno de los míos y siento esa vocecilla gritar dentro de mí que debería aceptar, que quizás sería interesante ver a dónde me lleva este sentimiento, pero antes de que pueda decir alguna cosa Lucas corre hacia nosotros.

—¡Papá! — Jeremías aleja sus ojos de mí — ¡Papá jugué con muchos niños! — sonríe emocionado — Lucía se tiró de un trampolín y muchas pelotas volaron — sigue contando su historia — ¿Podemos venir mañana también?

El hombre frente a mí me mira, limpia algo de sudor de la frente del niño con una servilleta de papel y le pide ir por su hermana prometiéndole pensarlo. Cuando Lucas se aleja una vez más hacia el área de juegos, mi esposo toma una de mis manos con las suyas y acaricia mis nudillos.

—Hagamos un trato — comenta — pensaré sobre la escuela y mis hijos si me prometes darme una respuesta a lo que te propuse — me mira con firmeza — me gustaría que accedieras a explorar esto que hay entre los dos, pero si no lo quieres hacer lo entenderé y no insistiré más.

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