Al final, Inés aceptó esa relación, así que como espectadora, no tenía voz ni voto.
Joaquín y Ricardo también habían tocado el tema.
"¿De verdad te vas a casar con la princesita?".
Últimamente, los rumores sobre el enlace entre la realeza y la familia Ureña estaban por todos lados.
Al asistir a los eventos, Eva también enfrentaba preguntas parecidas.
Joaquín lo sabía muy bien, la familia Ureña ya había hecho sus concesiones.
Él tenía sus deberes y no podía romper totalmente con su familia por amor.
Miró a Inés con una mezcla de impotencia y culpa.
"Ricky, sabes que llevo años con Inés, puedo darle todo menos el matrimonio".
"La mala suerte es haber nacido en este tipo de familia".
Ricardo entendía a Joaquín y, de cierto modo, sabía que Joaquín nunca dejaría a Inés.
Si no, no habría presionado a la familia para aceptar su relación.
Ni habría aceptado casarse con Eva.
Eva y él eran como hermanos.
También aceptaba que Eva buscara su propia felicidad.
Y Joaquín sólo quería esperar, fortalecerse más, divorciarse de Eva y entonces sí, recibir a Inés como su esposa abiertamente.
"Joaquín, confío en todas tus decisiones".
"Escuché que la familia Bravo está de celebración".
"Hasta tú lo sabes".
"Todo Ciudad Solana lo sabe".
Joaquín soltó una carcajada leve: "Tú y mi cuñada aún no se casan, ¿cuándo planean hacerlo?".
"Esperaremos tres años más".
"Entonces, para esa época, Inés y yo iremos a Ciudad Imperial".
Salir de Ciudad Solana no era fácil para alguien como Joaquín, pero no podía faltar a la boda de su gran amigo.
"Bueno".
...
Natalia dudó.
Ricardo seguía en su despacho trabajando y ya era tarde, ¿sería apropiado salir?
"Te espero en nuestro bar de siempre".
Aarón colgó la llamada y pidió una docena de botellas, luego bebió trago tras trago con desgana.
Natalia sabía que Aarón debía estar de mal humor.
Se levantó, abrió la puerta del despacho y le dijo a Ricardo que saldría.
"Ten cuidado, avísame cuando termines e iré por ti".
Natalia le dio un beso a Ricardo, se cambió de ropa y se fue en su auto.
Al llegar al bar, Aarón ya se había pegado una buena borrachera.
Aarón era un tipo realmente guapo, y aunque solía ser un tremendo fiestero, en Coronilla se había hecho de una reputación como todo un mujeriego.
Sin embargo, aún había bastante gente que quería juntarse con él.
Hombres y mujeres por igual.
La piel de Aarón era blanca, y con el alcohol, se le había teñido de un rosa suave, como los capullos de durazno a punto de florecer en las ramas, eso provocaba que se le antojara a cualquiera.

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