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¿Por qué finjo ser muda? romance Capítulo 98

—Siéntate.

―«La directora de finanzas, Estefanía Camacho, es la empleada número uno de Gerardo, y me están bloqueando fuertemente. No puedo acceder a su libro de cuentas».

—No te preocupes —dijo Santiago, sirviendo una taza de té y luego empujándola frente a ella—. Pronto podrás revisar sus cuentas sin problemas.

―«¿Por qué?»

—Farmacéutica Murillo pronto caerá en otra ronda de crisis financiera.

Delfina se quedó perpleja ante sus palabras, pero el teléfono móvil que había colocado sobre su mesa vibró de repente.

De reojo, Santiago vio el nombre de Álvaro y bajó la cabeza para probar el té. De repente, apartó su taza y la de ella, diciendo:

—No es muy bueno este té. Por cierto, vas a asistir conmigo a la fiesta de compromiso de Tina a finales de mes.

Sobresaltada, Delfina cerró las palmas de las manos en puños. Santiago era consciente de que a Tina no le gustaba, por no mencionar que casi hace que la maten. Sin embargo, quería que asistiera a la fiesta de compromiso de Tina con él.

―«¿Puedo negarme?»

—No —dijo con los ojos fijos en ella—. No olvides tu título.

Frunciendo los labios, no pudo decir nada.

»Además... —Lanzó una fría mirada al móvil que había sobre el escritorio—. Ya que es un trato, deberías mostrar algún progreso, pero no me has mostrado nada hasta ahora. ¿Crees que puedo seguir creyendo que tienes lo necesario para ayudarme a adquirir Farmacéutica Murillo?

―«Estoy pensando en un plan».

—Me temo que ya habría habido progresos hubieras puesto más energía en trabajar en ello y no tanta en charlar con otra gente.

Sus palabras la tomaron por sorpresa, y se quedó mirándole atónita.

»Te doy tres días. Necesito ver pruebas que demuestren una laguna financiera concreta dentro de Farmacéutica Murillo. —Sus palabras resonaron en la sala.

―«¿Tres días? Eso es imposible».

Justo entonces, la puerta se abrió de golpe.

—Salí a comprar una sandía. Es muy dulce, San...

Delfina miró a la persona que acababa de entrar en la habitación y ésta se detuvo a mitad de la frase.

Llevando una sandía en las manos, Gloria se quedó atónita por un momento cuando la vio, y se volvió hacia Santiago en un acto reflejo.

—Eh... ¿Interrumpo la reunión? ¿Me voy así pueden continuar?

—No es necesario —dijo Santiago—. Hemos terminado de hablar, de todos modos.

—¡Voy a cortar la sandía, entonces! —exclamó Gloria y miró a Delfina con alegría—. Señorita Delfina, ¿por qué no se une a nosotros también?

―«Gracias, pero no». ―Entonces, se levantó y le hizo un gesto a Santiago―. «Yo me voy».

El rostro de Santiago era pétreo, y cuando recordó que su teléfono había vibrado una fracción de segundo antes, se volvió aún más solemne.

Mientras tanto, después de salir del despacho, oyó la animada voz de la chica detrás de ella, y sus pasos se fueron ralentizando; incluso sentía las rodillas y los pies un poco entumecidos. Si no fuera por el propósito de destruir a los Murillo, Santiago nunca se habría casado con una muda como ella.

Alguna vez pensó que la atención que recibía antes era tal vez porque la cicatriz de su cara le resonaba, y por eso sentía un poco de lástima por ella.

Pero la aparición de Gloria echó por tierra todas sus fantasías, y ahora podía ver que Santiago nunca sentiría nada por ella.

Después de ver cómo adoraba a la persona que amaba, estaba segura de que este hombre sólo era distante y sin emociones con aquellos que no le importaban.

Su advertencia fue como una bomba de relojería, y la inquietó mucho. Delfina sabía a ciencia cierta que si no mostraba resultados reales lo antes posible, Santiago podría perder la paciencia de seguir colaborando con ella.

Por lo tanto, durante los siguientes días, acudió a Farmacéutica Murillo con mucha diligencia.

Una tarde, al llegar, fue invitada al despacho de Gerardo.

—¡Qué demonios! ¡Somos amigos mientras me puede usar, pero me echa a un lado cuando no le soy útil! ¡Fuera, todos ustedes!

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