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¿Princesa Dócil? ¡El Dragón a Sus Pies! romance Capítulo 4

"¿Cree que si le doy un bisnieto se va a convertir en una vieja bruja inmortal?"

Zack se frotó la frente con fastidio. La resaca y los efectos de la droga le provocaban un dolor de cabeza insoportable.-

Levantó las sábanas para salir de la cama, pero su mirada se clavó de repente en una pequeña mancha de sangre seca en la tela, un rojo oscuro que, a pesar de todo, seguía siendo llamativo.

Miró alrededor de la habitación. ¡Estaba llena de trozos de tela destrozada!

No había sido una alucinación.

¡¿Anoche, la prometida que su abuela le había elegido con tanto esmero se le había tirado encima?!

Los recuerdos borrosos de la noche se volvieron nítidos de repente.

Esa mujer se le había colgado del cuello y había empezado a devorarlo a besos. ¡Y después de besarlo, lo había empujado a la cama para quitarle la ropa!

Su mente se llenó de la imagen de sus labios apretados y, más tarde, de sus gemidos, que sonaban como los de un gatito...

¡Una extraña irritación se apoderó de él de repente!

La mirada de Zack se ensombreció al instante, y una furia por sentirse "profanado" se agitó en su pecho.

Agarró bruscamente el celular de la mesita de noche y, sin dudarlo, marcó el número de Daniela Santos.

—Daniela, ¿te ha gustado tanto ser el perrito faldero de la vieja que ya no puedes parar?—

—Hace un segundo me dices que te gusta otro y que te deje en paz, y al siguiente, ¿vienes a meterte en mi cama sin ninguna vergüenza?—

Daniela le tenía un miedo cerval a Zack. Ahora, con semejante ataque verbal, estaba aterrorizada y solo quería demostrar su inocencia lo antes posible.

—Za... Zack, por favor, no te enojes. ¿Pasó algo?—

—¿Te acuestas conmigo y luego te largas como si nada? ¿Quién te dio el valor para hacer eso?—

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

Zack se enfureció aún más. ¡Eso era una admisión de culpa!

—¡No, no fui yo! Te tengo tanto miedo que preferiría meterme en la cama de tu hermano antes que en la tuya.—

—¿No?— Zack soltó una risa burlona, sus nudillos blancos por la fuerza con que apretaba el celular. La oscuridad en sus ojos casi se desbordaba. —La vieja me droga y tú eres su perrita faldera. Si no fuiste tú, ¿quién más? ¿Acaso podrías haber entrado a mi habitación sin su permiso?—

Cuanto más hablaba, más crecía su ira, hasta el punto de querer estrangular a alguien.

Capítulo 4 1

Capítulo 4 2

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