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¡Protégeme, Tío! romance Capítulo 1238

Carlos esbozó una sonrisa sarcástica y dijo: "¿Necesito ser más claro? Entonces... todo lo que han tomado de la gran casa Lechuga, los bienes que han ocultado, entréguenlos en tres días. ¡De lo contrario, atente a las consecuencias!"

El tono amenazante de su voz dejó petrificados a los de la tercer casa.

Nathan frunció el ceño y dijo: "Carlos... ¿Qué propiedades dices que tenemos?"

"¿Necesito investigar yo mismo?"

"Es que..."

"¡En tres días! No quiero más excusas, mejor vete antes de que te eche de la familia Lechuga."

"Pero nosotros somos de la tercer casa Lechuga... tú..."

"¡Yo soy Carlos, el Líder de la familia Lechuga! El Líder tiene derecho a expulsar a cualquiera. ¿Quieren que los eche a la calle a mendigar?"

Quique intervino: "Nathan, mejor cállate... Tú sabes muy bien todas las 'buenas' acciones que hiciste cuando Carlos tuvo problemas. Si no fuera por nosotros, la segunda casa, que aguantamos, la familia Lechuga ya no existiría."

"Ahora que Carlos ha regresado y quiere que la familia Lechuga resurja, ¡hazle caso! Aunque sea tu primo, es el más competente de toda la familia Lechuga, igual que el tío abuelo."

Nathan hizo un gesto de desdén: "Yo no dije que no iba a cooperar..."

"Ya, ya te conocemos, Nathan. Carlos ya ha decidido dejarlo pasar, es por respeto al tío Nathan... así que deja de hacer las cosas difíciles."

"Entendido..."

"Nieve y los demás se quedan, primo, ustedes pueden ir a descansar."

Nathan rápidamente dijo: "¿Pueden quedarse también Elena, Pepe y Gabriel?"

Carlos le lanzó una mirada irónica: "¿Quieres que se queden para que les dé su merecido?"

Nathan encogió el cuello, algo insatisfecho, y respondió: "Son tus sobrinos... Carlos, tienes que tratarlos por igual."

Carlos puso los ojos en blanco y dijo: "Está bien, que se queden todos."

Nathan finalmente dijo: "Carlos, eres un crack, siempre fuiste el que más envidié y admiré..."

"¡Lárgate ya!"

Nathan siempre había sido alguien con grandes ambiciones pero sin ninguna habilidad.

Carlos nunca le había prestado atención.

Cuanto menos le prestaba atención a su primo, más se acercaba este.

Recibía golpes y seguía volviendo.

Tenía una cara tan dura que era increíble.

Después, se casó con una mujer que Carlos despreciaba.

Una persona falsa y pretenciosa.

Sus hijos, especialmente la hija, seguían el mismo camino.

Carlos no apreciaba a la gente de la tercer casa, pero tenía a su tío Nathan allí, de no ser así, los habría echado a todos en cuanto volvió.

Una vez que Nathan se fue, Carlos envió a los tres jóvenes de la tercer casa a pararse en la esquina como castigo.

Paulo y Nieve estaban de pie, inquietos y sin saber qué hacer.

Carlos se sentó en el sofá de la sala y, mirando a Edmundo, dijo: "Ve a la cocina y que me preparen un plato de pasta, tengo hambre."

"Sí, Sr. Lechuga."

"¿Eres Paulo?"

"Soy yo, tío Carlos."

"He escuchado que en los últimos años, has estado sosteniendo la empresa Lechuga."

Paulo sonrió con amargura: "No soy digno... solo lo he mantenido a flote."

Carlos lo miró directamente y dijo: "Te lo agradezco."

Con esa simple frase, Paulo sintió una oleada de emoción.

En todos estos años, nadie le había dicho... gracias por tu esfuerzo.

Carlos le entregó el plato a Edmundo y miró profundamente a Paulo, diciendo: "Bien, entiendes la situación de la empresa, pero, ¿has pensado en alguna manera de revivirla?"

Paulo negó con la cabeza: "No se me ha ocurrido nada, pero lo pienso todos los días... Lo que más necesita Grupo Lechuga es capital. Sin fondos, no puede funcionar. Por ahora, no se me ocurre otra solución."

Carlos asintió: "Darte cuenta de eso ya es un gran paso."

"Tío Carlos, espero que no me menosprecie..."

"No hay nada que menospreciar. Llegaste a esto de repente, y tu carrera no es en finanzas. Nadie te dio tiempo para ganar experiencia o aprender más sobre la industria. Lo que has hecho ya es bastante."

Paulo sonrió con amargura: "En realidad, yo quería ser médico."

"¿Por mí?"

"Sí, desde que tengo memoria, mi papá siempre suspiraba, diciendo que todo sería mejor si tú estuvieras aquí, que si despertaras, todos en casa estarían bien. Mi mamá también lo decía. Entonces pensé que si pudiera ser médico y salvarte, tío Carlos, todo estaría bien. Estudié medicina en la universidad, pero al final, solo me quedé a medias..."

Carlos lanzó una mirada al robusto Oliver, que estaba detrás de él, y levantó una ceja: "Sus vidas parecen un espejo... Uno interesado en la medicina, forzado a los negocios, y otro apasionado por las finanzas, forzado a estudiar medicina..."

Oliver y Paulo intercambiaron una mirada de sorpresa.

¿Realmente había alguien con una historia de vida tan similar a la suya?

Carlos, con calma, dijo: "No se apresuren, tendrán tiempo de sobra para hacerse amigos y charlar, ahora hablemos de lo importante."

Oliver y Paulo: "..." ¿No fuiste tú quien cambió el tema de repente?

Carlos, con seriedad, lo miró y dijo: "Te daré quinientos mil millones como capital operativo, ¿podrás revivir Grupo Lechuga?"

Paulo lo miró con una expresión de asombro: "¿No vas a intervenir personalmente, tío Carlos?"

"No hay prisa, quinientos mil millones, que los jóvenes se diviertan un rato antes de pensar en otra cosa."

¿Quinientos mil millones... para jugar?

Paulo, por un momento, no supo qué decir.

"Tío Carlos... ¿lo dices en serio?"

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