Entrar Via

¡Protégeme, Tío! romance Capítulo 1303

Tiberio se irguió, con la espalda tiesa, y esbozó una sonrisa tranquila mientras decía:

—Hace cuatro días que no me baño, si no te molesta, puedes seguir acurrucándote...

Al escuchar eso, el rostro de Isadora se quedó congelado por un instante.

—¿Cuatro... cuatro días?

—Sí, llevamos cuatro días en el laberinto, aquí no hay dónde bañarse. Ya hasta siento que tengo el cuerpo rancio, ¿no lo hueles?

Isadora, sin pensarlo, olfateó un poco y respondió:

—No hueles mal ni nada...

—Ah... entonces sigue acurrucándote.

Pero Isadora ya no quiso seguir pegada a él.

Si bien no olía mal, ni tenía ese tufo a sudor viejo, seguro que de bacterias estaba sobrado.

Ella hundió la cara en el cuello de Tiberio y le murmuró:

—¿Por qué crees que yo podría llegar a despreciarte por eso?

—Porque... la señora Sanz y Ivanna siempre me andan diciendo que me cuide, que si me descuido me voy a ver tan acabado que cuando regreses ya no me vas a querer...

—¡Ay, por favor! ¡Eso jamás! ¡Si Tiberio está así es por mi culpa! ¡Cómo voy a despreciarte!

—¡Vaya, qué generosa!

—¡Obvio que sí!

—Bien, así me gusta.

Ojalá siempre fuera tan considerada.

Si no, Carlos sí que era un hueso duro de roer.

Para alguien como Carlos, ganarse a la gente no era cosa difícil. Era solo cuestión de tiempo.

—¡Tiberio, desgraciado! ¡Malagradecido! ¡¿De verdad te ibas a largar sin llevarme contigo!?

Apenas Tiberio cruzó los límites del laberinto, escuchó a sus espaldas el grito enfurecido de un hombre.

Tiberio miró a los que lo acompañaban y ordenó:

—Llama al chofer.

—Ya lo hice, jefe.

—Bien.

—¡Tiberio, es Benito Iglesias!

—Sí, ya lo vi.

—Benito me ayudó un montón... aunque no pudo sacarme, pues al menos me hizo sentir que no estaba sola. Con él, hasta José da menos miedo.

—Ajá...

Tiberio dejó a Isadora de pie y giró, mirando a Benito que venía corriendo, y le dijo:

—¿No que esta es tu casa? ¿Ahora necesitas que te saquen?

Benito agitó la mano, resignado:

—Ni lo digas... cuando mi hermano se pone loco, hasta a mí me dispara. Ahora que te llevas a la niña, apenas Carlos se vaya, si no enloquece, ¡me cambio el apellido al tuyo! Mejor me largo antes de que me toque.

—Como quieras.

—¡Y aún te debo una! Cuando Carlos despertó, ¿por qué demonios no me avisaste?

Tiberio contestó con calma:

—No quería que hicieras tonterías.

Benito soltó una risita irónica.

—¿Y tú crees que no saberlo me iba a impedir hacerlas?

—¿Y eso qué quiere decir?

—¡Melisa Sanz ya aceptó casarse conmigo!

Tiberio levantó una ceja.

—Eso no me lo digas a mí, díselo a Carlos. Si él acepta, yo no tengo nada que objetar.

¿Eso importaba en realidad?

A él solo le importaba la niña.

Benito, fastidiado, insistió:

—¡Oye, que eres mi cuate! Ya decidí no reclamarte lo de antes, pero en esto tienes que estar de mi lado.

—No me toca a mí elegir bando.

—¡Podríamos unirnos y enfrentar a Carlos!

Tiberio le echó una mirada como si le faltara un tornillo.

—¿No ves que apenas y puedo cuidar mi pellejo?

Carlos ni siquiera le permitía tocar a la niña.

Puras advertencias... y seguramente, pronto vendrían cosas peores.

¿En qué momento podría fijarse en otra cosa?

Benito, sin embargo, insistió:

—¿Cuidar tu pellejo? ¡Si la niña ya dijo que entre su papá y tú, te escoge a ti! ¡Carlos será su padre, pero no puede controlar su vida!

—Carlos no es cualquier tipo, no puedes juzgarlo como a los demás.

—¡Tampoco es para tanto!

Y, de nuevo, Benito intentó convencer a Isadora.

Capítulo 1303 1

Verify captcha to read the content.VERIFYCAPTCHA_LABEL

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Protégeme, Tío!