—¿Ah?
—No escuché mal, ¿verdad?
—¿De verdad estás dispuesto a dejarla ir?
—¿El sol salió por el oeste? Vicente, rápido, dame una cachetada.
Vicente no se anduvo con rodeos y le soltó una cachetada. Rubén se cubrió la mejilla golpeada y le reclamó con indignación:
—¡De verdad me pegaste!
—¿Te dolió? —preguntó Vicente con orgullo.
—¡Me dolió un buen! Si me arruinas esta cara tan guapa, vas a tener que casarte conmigo.
—Lo siento, mis gustos van por otro lado, no me gustan los hombres.
Luca observaba a ese par de payasos haciendo el ridículo. Ya estaba más que acostumbrado. Esperó a que terminaran de jugar y preguntó en serio:
—¿Y bien? ¿Qué opinan?
—O sea, ni al caso que nos preguntes. Cualquiera con ojos se da cuenta de que a Fabio le gusta Denisa. Pero... ¿no te gustaba a ti también? Hasta ibas a divorciarte por ella. ¿Por qué de repente... cambiaste de actitud?
Rubén aplaudió y dio un salto:
—¡Ya sé! Luca, seguro no soportas la idea de divorciarte de la doctora Ortega, ¿verdad? La amas y ni cuenta te das. Estás frito, amigo, te volviste a enamorar.
—Ponte serio. —Luca parecía en ese momento un gato al que le habían pisado la cola, su expresión se oscureció—. ¿De dónde sacan que me gusta Denisa? Siempre la he cuidado como si fuera mi hermana.
—¿Qué clase de hermano mayor cuida así a su hermana? Además, ni siquiera tienen la misma sangre. Crecieron juntos, y en todo este tiempo la has consentido y protegido como si fuera un tesoro. Todos lo hemos visto. Si ahora sales con que no te gusta, no te la compramos. —Rubén torció la boca, dejando claro que no era fácil de engañar.
Luca le dio un trago a su bebida y sonrió con ironía:
—Tal vez de joven tuve algunas fantasías poco realistas. Pero hoy lo veo de otra manera. No debería tenerla atada a algo que no va a llegar a ningún lado. Además, tengo muy claro que lo nuestro es imposible. Solo la veo como a una hermana; así fue en el pasado y así será en el futuro.
—Luca, te estás engañando a ti mismo. No vayas a salir después con que, al verla feliz con otro, te pones a tomar y a hacer berrinches como si hubieras perdido al amor de tu vida. Nosotros no te vamos a seguir el juego. De todos modos, siento que la doctora Ortega es hermosa e inteligente, una mujer talentosa y difícil de encontrar. Tanto en apariencia como en capacidad, están a la par. Por cierto, a riesgo de que me rompas la cara, quiero hacerte una pregunta: si... si de verdad te divorcias de ella y yo empiezo a cortejarla... ¿me matarías? —Rubén jugaba repetidamente al límite del peligro.
Luca le lanzó una mirada tan afilada que casi lo deja congelado en el sitio.
Vicente estiró el brazo y abrazó a Rubén por los hombros:
—Hermanito, sí que tienes agallas. Atreverte a soñar con la doctora Ortega... ten cuidado, que Luca de verdad te va a madrear.
—Te lo digo por experiencia propia, lo que acabas de decir es muy cierto. —Vicente le palmeó el hombro a Rubén—. Si no hay sentimientos, o si es un amor no correspondido de un solo lado, el matrimonio terminará fallando tarde o temprano. Todo dependerá de quién soporte al otro por más tiempo.
Luca apretó los labios, manteniéndose en silencio, absorto en sus pensamientos.
—¿Ustedes de verdad han visto el verdadero amor en este mundo? —preguntó Luca después de un largo rato.
—He escuchado de él, pero nunca lo he visto —rio Vicente.
—Sale en la tele —bromeó Rubén con algo de humor—. Pero lo de la tele es pura ficción. Yo creo que el matrimonio y el amor deben separarse. El amor es un momento de pasión repentina; el matrimonio son los hábitos que dos personas van forjando juntas con el roce diario. Para mí, las buenas costumbres valen mucho más que ese famoso amor.
—Si nunca te has casado, ¿cómo es que tienes ideas tan profundas? Deberías escribir un libro, muchacho. —Era la primera vez que Vicente notaba que Rubén, a pesar de ser más joven, entendía las lecciones de la vida mejor que ellos. Eso le hizo darse cuenta de que ya no podía subestimarlo.
Rubén se rascó la cabeza con una risa tímida y dijo:
—Esa conclusión la saqué al ver el matrimonio de mis papás. Al principio, mi mamá no quería mucho a mi papá, pero él es un hombre detallista, trabajador y se conocía los gustos de mi mamá a la perfección. Poco a poco, se volvieron inseparables. Ahora que ya son mayores y tienen más temas de conversación, salen todos los días a caminar, a divertirse... y sin llevar a los niños, puro plan de pareja.
Luca no dijo nada, pero al escuchar a Rubén poner de ejemplo la relación de sus padres, una serie de recuerdos borrosos cruzaron por su mente como un relámpago.
Al repasar esos siete años, se dio cuenta de que Natalia y él sí habían compartido mucho. Cuando se construyó la marca de Altium Médica, ella fue el pilar técnico. En ese entonces, Luca aún no tomaba el control del corporativo; su hermano mayor, Adrián, era el heredero principal. Luca había sido transferido por su abuelo a Altium Médica, y él mismo levantó la marca desde cero, para luego dejársela a Adrián y regresar al grupo empresarial.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo