Fabio se quedó paralizado. Era verdad, Luca estaba casado.
—Pero...
—No hay ningún pero. Estoy casado y llevo siete años de matrimonio con Natalia —lo cortó Luca de inmediato—. Además, la relación más apropiada que puedo tener con Denisa es la de hermanos. Antes éramos cuñados; ahora, seremos hermanos y nada más.
—Entonces... ¿te gusta Denisa? —preguntó Fabio, así de directo. Antes había personas que lo cuestionaban al respecto, pero Luca siempre esquivaba la pregunta, por lo que con el tiempo nadie se atrevió a volver a sacarlo a colación.
Y, sin embargo, en ese momento Fabio se lo estaba exigiendo.
Luca lo observó fijamente y después sonrió.
—No sé exactamente a qué tipo de afecto te refieras, pero pase lo que pase, ella es familia.
—Me refiero a cuando a un hombre le gusta una mujer. Al deseo de hacerla tuya, de estar cerca, de ser pareja, de convertirla en tu esposa para pasar juntos el resto de sus vidas. —Quizás fue porque acababa de ver a Denisa echa un mar de lágrimas, pero Fabio ya estaba exaltado. Sus palabras dejaron a Luca estupefacto.
—Eso es amor —dijo Luca tras mirar el borde de su copa por unos segundos—. Y con ella no hay amor, solo existe el cariño de familia.
—¡Eres un mentiroso! —Fabio se puso de pie de golpe—. ¿Por qué no puedes ser honesto contigo mismo? Para todos nosotros, que lo vimos desde afuera, es imposible que no hubiera amor. Te casaste con Natalia únicamente porque Denisa se había casado con tu hermano. Todos sabemos que...
—Te equivocas —lo interrumpió Luca con voz grave—. No me casé con Natalia por esa razón. Solo fue una alianza de intereses comerciales; hasta firmamos un contrato.
—Podrás engañar a otros, pero a mí no. Te casaste con ella justo cuando Denisa se casó. Para ti, Natalia siempre fue su reemplazo. No lo niegues, es un secreto a voces —reclamó Fabio de manera agresiva, con los ojos enrojecidos por la rabia.
¿Cómo podía Luca tener el cinismo de ignorar lo que hizo en el pasado?
Luca se quedó callado.
Se sirvió un poco más de vino y pronunció en tono monótono:
—A veces, ¿es posible siquiera distinguir la frontera entre el amor y el deber familiar?
—O sea que sí la amaste, ¿verdad? Solo que ahora, por las etiquetas, por la carga de ser su hermano, no tienes el valor de amarla frente a todo el mundo —le reprochó, empujándolo contra las cuerdas.
—Fabio, llegados a este punto, ¿crees que eso importa? Mi esposa es Natalia. Sí, hemos estado peleando y hablando de divorcio, pero la verdad es que yo no quiero separarme de ella. —A Luca no le gustaba que lo arrinconaran. Levantó la vista y sus ojos revelaron una seriedad inquebrantable.
Todo el coraje y la valentía que había acumulado Fabio se esfumaron en ese instante.
Miró a Luca y, por un segundo, tuvo la sensación de estar frente a un completo extraño.
—Entonces... ¿qué planeas hacer con ella? —preguntó ronco.
—Dejaré que se tranquilice. Después de eso, te pido que reúnas valor y comiences a cortejarla. Dale el futuro que se merece. Hazlo como un favor de amigos —solicitó, alzando su copa—. Somos amigos, no me dirás que no puedes echarme esta mano.
Fabio se quedó sin fuerza, pero tomó la suya.
—Sí, nos hemos divertido mucho. Gracias por preguntar, abuela.
—Me imagino que Irita también está feliz. Esa niña es tu sombra —agregó la señora.
—Así es.
—Qué bueno, lo importante es que la niña se divierta. ¿Que Luca no iba para allá a buscarlas? Tuvieron una emergencia en el corporativo y tuvo que regresarse rápido, así que te tocará lidiar sola con la chiquita por ahora —rio con aire nostálgico.
Al escuchar el nombre de Luca, la voz de Natalia perdió toda su calidez.
—Lo sé, pero Irita se porta muy bien, no da ningún problema.
Sin darle importancia a su cambio de actitud, la abuela encauzó la conversación al verdadero motivo de la llamada:
—Cuando Luca regresó estuvimos platicando un poco y... bueno, hay un tema del que creo que deberías enterarte.
Natalia frunció las cejas de manera instintiva.
—Resulta que hace poco le organizaron otra cita a ciegas a Denisa, pero fue un fracaso. Tiene el temperamento muy mimado, echado a perder por la familia Torres, y terminó aventándole un vaso con agua al muchacho. Ya la regañé por lo que hizo.
Doña Josefa había sacado a colación el tema de los pretendientes de Denisa a propósito, calculando que a Natalia le iba a interesar escuchar aquella historia.

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