Con tono más suave, le dijo a la anciana Alvarado:
—Lo hago por el bien de Elena, ¿cómo puedes dudar de mis intenciones? Soy su abuela biológica, ¿cómo podría querer hacerle daño?
Bianca Alvarado, queriendo evitar que perturbara más el descanso de su madre, intervino sin rodeos:
—Señora Valiente, usted no vino a preocuparse por Elena, vino por Milena, ¿verdad? Esa propiedad es un patrimonio de la familia Alvarado, y yo se la traspasé a Elena. Así que es ella quien decide qué hacer. Si la quiere vender, la vende. Si necesitan alquilar, busquen a otra persona. Nosotros no queremos tener nada que ver con la familia Valiente.
Al ver la firmeza en la actitud de Bianca, la anciana Valiente se enfureció.
—Ustedes seguro se la pasan lavándole el cerebro a Elena para que nos odie, ¿verdad? Lo tuyo y Hugo fue un problema de pareja, ¿qué culpa tienen los niños? ¿Acaso Elena no tiene derecho a un padre, una abuela y a su familia? Eres una egoísta, Bianca.
Pero Bianca no se iba a dejar manipular emocionalmente tan fácilmente.
—Yo jamás he hablado mal de la familia Valiente en su presencia. Son ustedes los que no dejan de hacer circo frente a ella, creyendo que es tonta, solo para sacarle ventaja. Elena no es ciega, por supuesto que se da cuenta de la clase de personas que son. Señora Valiente, si ya terminó de hablar, le pido que se retire. Aquí no es bienvenida.
La anciana Valiente se fue lívida de rabia.
Al salir de la casa de la familia Alvarado, se sentía físicamente indispuesta.
Una vez en su cama, le pidió a la empleada que le trajera sus pastillas para la presión.
Solo después de tomar dos comprimidos logró estabilizarse.
Milena se acercó a preguntar cómo le había ido.
Ni siquiera le preguntó cómo se sentía, lo único que le importaba era saber si podría alquilar la casa.
—Mejor olvídate de eso —suspiró la anciana Valiente—. Esa muchacha no tiene arreglo. Está maleducada y no tiene corazón. Buscaré otra solución para ti.
—¿Y qué otra solución va a haber? —masculló Milena—. Esa casa es la que mejor ubicación tiene, y las de los alrededores ya están ocupadas. ¿Crees que la gente se va a mudar solo para darme el gusto?
—Tú solo la quieres como estudio, no es que vayas a estar ahí todo el día —razonó la anciana—. ¿No puedo buscarte un lugar diferente?
—Claro que no. Yo quiero la casa de Elena —se encaprichó Milena.
Sin más opciones, a la anciana Valiente no le quedó más remedio que averiguar a quién le había vendido la propiedad Elena.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....