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Al terminar su turno, Elena recibió un mensaje de Bianca.
—Elena, supe que Alejandro y tú estuvieron viniendo a verme hace unos días. Se los agradezco mucho.
Elena le respondió rápidamente:
—No tiene que agradecer, señora Bianca. Después de lo buena que ha sido conmigo, ir a verla era lo mínimo que podía hacer.
—Si no tienes planes, ¿te gustaría que almorzáramos juntas este sábado?
—Me encantaría —contestó Elena.
Una sonrisa de infinita ternura y satisfacción iluminó el rostro de Bianca al leer la respuesta.
Se volvió hacia Dante y le dijo:
—Saldré a comer con Elena este sábado. ¿Podrías conseguirme a un chef excelente de aquí de la ciudad?
Bianca no le había ocultado a su esposo el hallazgo de los niños, y Dante había jurado guardar el secreto con su vida.
Verla cumplir el sueño que la había atormentado durante años también lo llenó de alegría.
—Por supuesto.
—¿Y qué crees que debería regalarles? —empezó a pensar en voz alta Bianca—. ¿Una casa? ¿Un auto de lujo?
Dante soltó una carcajada.
—Si apareces de la nada y les regalas algo así, se van a asustar y no lo aceptarán. Lo mejor es que pases tiempo con ellos, te intereses por su día a día y dejes que las cosas fluyan.
—Pero yo quiero darles el mundo entero. Si no puedo regalarles propiedades ni autos, al menos debería impulsarlos en sus carreras. Los dos son jóvenes brillantes que se han ganado su lugar a base de esfuerzo. Puedo presentarles a gente influyente, abrirles puertas para que triunfen aún más.
—Nuestra familia tiene inversiones tanto en tecnología como en desarrollo farmacéutico —asintió Dante—. Podemos poner a su disposición los mejores proyectos.
Sin embargo, para Bianca, eso aún no era suficiente.
Estaba tan desesperada por recuperar el tiempo perdido que habría querido entregarles su propia vida si pudiera.
Dante le tomó las manos con delicadeza.
—¿A qué se debe esa cara de felicidad?
Elena le contó sobre el galardón.
—¡Muchas felicidades! —dijo Alejandro, rebosante de orgullo—. ¿Hay algún regalo en especial que quieras pedirme?
—¿Me van a dar un premio y encima me vas a dar regalos? —bromeó ella.
—Por supuesto. Si mi esposa recibe un reconocimiento tan importante, el orgullo es mío. Claro que te mereces una recompensa.
—En realidad, tampoco es el premio Nobel, no soy tan increíble como me pintas —respondió Elena con modestia.
—¿Quién dice que no? Tu trabajo le da esperanza a miles de pacientes. Además, ayudas a que el País Valverde deje de depender de medicamentos extranjeros y de insumos carísimos. Controlar tecnología farmacéutica de punta y contar con patentes propias es una hazaña enorme. En un futuro, no solo ganarás premios locales, sino reconocimientos a nivel nacional, y te convertirás en una leyenda en tu campo. Elena, eres mi mayor orgullo.
Los ojos de Elena se cristalizaron.
Aparte de su mejor amiga, Isabel, él era el único que siempre apoyaba e impulsaba su carrera con tanto fervor.
—Gracias por todo, Alejandro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....