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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1083

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—De verdad que no está en mis manos —se excusó la directora, luciendo apenada—. Fueron órdenes directas del director Vargas. Lo lamento mucho, maestra Silvia. Estoy segura de que pronto encontrará un puesto mucho mejor.

Silvia se quedó paralizada.

¿Acaso Alejandro se había dado cuenta de sus intenciones y la estaba echando para cortar cualquier posibilidad de contacto?

¿O fue Elena quien movió los hilos por detrás?

Estaba convencida de que era lo segundo.

Seguro Elena estaba muerta de celos y quería eliminar la competencia.

Negándose a darse por vencida, Silvia acudió a la señora Vargas para quejarse de la situación.

—¡No puedo creer que Elena haya interferido con tu trabajo! —exclamó la señora Vargas, indignada.

Silvia tenía la costumbre de enviarle fotos de Aurora a la señora Vargas. Aunque la mujer no podía ver a su nieta en persona, esas imágenes le traían un gran consuelo.

Si Silvia dejaba el preescolar, se quedaría sin sus fotos.

La señora Vargas sintió que Elena era el ser más rencoroso y mezquino del mundo.

Silvia no había hecho absolutamente nada malo y, aun así, Elena había logrado que Alejandro la despidiera.

Furiosa, la señora Vargas marcó el número de su hijo.

El primer intento fue ignorado.

Pero ella siguió insistiendo.

Finalmente, Alejandro contestó.

—Alejandro, ¿cómo puedes permitir que Elena, ciega de celos, logre que despidan a Silvia? No solo es una maestra excepcional, sino una chica maravillosa. ¿No te das cuenta de lo bueno que es para Aurora tenerla cerca en el colegio?

—No la considero adecuada para ser la maestra de Aurora —respondió Alejandro con frialdad—. Si tú crees que es tan buena, recomiéndale otro trabajo. Estoy ocupado, adiós.

Como siempre ocurría con sus llamadas, la señora Vargas terminó con la presión por las nubes.

Silvia, al ver que ni siquiera su aliada tenía poder sobre Alejandro, sintió una profunda desilusión.

Había creído que ganarse el cariño de la suegra le abriría las puertas del corazón de Alejandro.

Claramente, esa estrategia no iba a funcionar.

Tendría que dejar de perder el tiempo adulando a la señora Vargas.

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