—Bruma Alta es una simple y pequeña sucursal —replicó el director Quintana a la defensiva—. ¿Cómo te atreves a compararla con todo el Grupo Vargas?
Frente al aluvión de críticas, Elena no demostró ni una pizca de intimidación.
Con una expresión impasible, declaró:
—Sé perfectamente que están aquí para someter a votación mi permanencia. Si es así, procedamos a votar de una vez. Por cierto, el doctor confirmó que Alejandro despertará muy pronto. Tal vez no pueda presentarse a la oficina de inmediato, pero estará al tanto y me apoyará en todas las decisiones ejecutivas. No estoy librando esta batalla sola; él es mi respaldo directo. Les sugiero que mediten muy bien su voto.
Nicolás jamás imaginó que Elena aguantaría semejante presión sin desmoronarse. Cualquier otra joven en su posición, acribillada a cuestionamientos por los accionistas más despiadados, ya estaría llorando o habría abandonado la sala.
Pero por más segura que sonara, las palabras se las llevaba el viento.
—Alejandro todavía está en coma, Elena. Por favor, no intentes venderles falsas esperanzas a los accionistas —se burló Nicolás.
Aquellos que apenas empezaban a darle el beneficio de la duda volvieron a titubear.
Justo en ese instante, sonó el tono de videollamada en el celular de Elena.
Era la anciana Vargas.
Elena aceptó la llamada sin dudarlo.
En la pantalla apareció el rostro de Alejandro.
Estaba recostado en la cama del hospital, pero tenía los ojos abiertos.
A Elena se le llenaron los ojos de lágrimas al instante.
—Alejandro...
—Elena, muéstrales a los demás que Alejandro ya despertó —indicó la firme voz de la anciana Vargas desde el fondo.
Ella sabía que Elena estaba soportando una carga monumental frente a esa jauría de accionistas.
Por suerte, Alejandro había vuelto en sí.
Elena sabía que, aunque estuviera consciente, Alejandro no tenía fuerzas para lidiar con los problemas de la empresa en ese momento.
Reprimiendo las ganas de llorar y manteniendo su porte profesional, giró la pantalla del teléfono para que todos en la mesa pudieran verlo.
—Alejandro acaba de despertar. Lo que les dije hace un momento era la pura verdad. Aunque él no pueda venir a la oficina ahora mismo, me guiará en todo momento. Con él respaldándome, ¿de verdad siguen dudando de mi capacidad para dirigir el Grupo?
El rostro de Nicolás se desfiguró por el coraje.
Jamás imaginó que su sobrino elegiría precisamente ese instante para salir del coma.
Los accionistas que hace unos minutos estaban listos para votar por Nicolás, de inmediato cambiaron de bando y le entregaron su apoyo absoluto a Elena.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....