Entrar Via

Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 1090

Nuevo hogarRechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

La anciana Vargas no dejaba de llamar a Bianca para preguntarle cómo seguía Elena.

A Bianca le preocupaba que, a su edad, la anciana no soportara la mala noche, así que le aseguró que todo estaba bajo control y le pidió que descansara.

A las seis de la mañana, nació la pequeña Amira.

Aurora despertó de su sueño y, mirando a su bisabuela que dormía en la cama de al lado, murmuró:

—Mi hermanita ya vino a jugar conmigo.

La anciana Vargas se sentó, aún medio dormida, tardando un momento en procesar sus palabras.

La señora Santor despertó y le dio unas palmaditas suaves en la espalda a Aurora, quien, agotada, volvió a quedarse dormida.

La anciana Vargas se enderezó por completo y le susurró a la señora Santor:

—Llama de nuevo, averigua si Elena ya dio a luz.

La señora Santor salió al balcón para hacer la llamada.

Cuando regresó, su rostro irradiaba felicidad:

—Aurora tenía razón. La pequeña Amira ya nació.

A las ocho de la mañana, la anciana Vargas llevó a Aurora al hospital.

Elena estaba descansando.

Bianca salió de la habitación con el bebé dormido en brazos.

La anciana Vargas contempló a esa pequeña bolita de ternura, con los ojos arrugados por la sonrisa, y preguntó con genuina preocupación:

—¿Cómo está Elena?

—Acaba de quedarse dormida —respondió Bianca—. Señora, ¿quisiera llevar a la niña para que Alejandro la conozca?

—Me encantaría.

Bianca tomó a Aurora de la mano y se sentaron junto a la cama para acompañar a Elena.

Al ver a su madre tan exhausta, Aurora se portó de maravilla, sin hacer el menor ruido, e incluso le dio unas palmaditas reconfortantes en el dorso de la mano.

La anciana Vargas, con Amira en brazos, entró a la habitación de Alejandro.

Él ya había despertado.

No había nadie más en la habitación.

—Alejandro, ¿quieres acariciar a Amira? —le preguntó la anciana, con una sonrisa dulce.

Alejandro, sin poder verla, asintió levemente.

—Aquí la tienes.

La anciana colocó la minúscula manita del bebé en la palma de él.

El semblante de Alejandro se suavizó de inmediato, llenándose de una inmensa ternura.

—¿Cómo está Elena?

—Está muy bien, acaba de dormirse. Por la tarde podrá venir a verte.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico