Hugo quería crear una oportunidad para que estuvieran a solas.
Elena miró de reojo a Brais y, al ver que en efecto estaba bastante ebrio, caminó hacia él.
Hugo no pudo evitar sonreír con malicia.
Con lo que le había dicho hoy, si Brais era inteligente, sabría que debía esforzarse por conquistar a Elena.
No creía que, con lo brillante y capaz que era Brais, no pudiera robarle la novia a ese sujeto.
Elena se acercó, pero al ver el estado de Brais, no hizo el menor intento de sostenerlo. En su lugar, llamó por teléfono a Leandro, que esperaba en la entrada.
Leandro entró rápidamente.
—Lleva al señor Vega a su casa —le ordenó Elena.
—Entendido.
Leandro tomó a Brais del brazo y lo ayudó a salir.
Al ver esto, Hugo sintió una profunda decepción.
Se acercó y le dijo a Elena:
—Elena, la sinceridad de Brais hacia ti me conmueve mucho. Tu problema es que has conocido a muy pocos hombres y por eso Alejandro te engañó con tanta facilidad. Deberías salir con otras personas, comparar un poco, y así sabrás quién es el mejor.
Elena respondió con frialdad:
—No necesito comparar a nadie para saber que Alejandro es el mejor.
Pero Hugo seguía pensando que era demasiado ingenua.
—Elena, eres muy joven. Si él de verdad te amara, no te dejaría viviendo aquí en Ciudad del Río.
Sin ganas de seguir perdiendo el tiempo con él, Elena se dio la media vuelta y salió del lugar.
***
Al día siguiente, cuando salía del trabajo al anochecer, se encontró con Brais en la puerta del laboratorio.
Brais le sonrió:
—Ayer bebí de más, muchas gracias por pedir que me llevaran a casa.
Dicho esto, le tendió un hermoso ramo de rosas rojas.
—Esto es en agradecimiento.
Elena mantuvo su expresión distante.
—No tiene por qué agradecer, señor Vega. No fue ninguna molestia. Y no puedo aceptar las flores, espero que lo entienda.
Quedaba claro que no tenía ninguna oportunidad.
Elena y Alejandro subieron al auto.
El chofer encendió el motor.
A través de la ventanilla, Alejandro vio que Brais seguía de pie en el mismo lugar, paralizado.
Le acarició la mano a Elena y suspiró:
—Parece que me he descuidado. Tienes tantos pretendientes rondándote que, si no presto atención, me van a robar a mi mujer.
La carrera de Elena iba en ascenso, lo que la hacía cada vez más atractiva ante los ojos del mundo.
Sumado al hecho de que ya era de dominio público que era la hija biológica de Bianca.
Al entrar en los círculos de la alta sociedad, muchos hombres influyentes empezarían a notar lo maravillosa que era.
La presión para él iba en aumento.
Elena, dándose cuenta de que estaba celoso, sonrió y le dio un tierno beso en los labios:
—Alejandro, solo te amo a ti. Para mí, nadie en este mundo se te compara.
Esa pequeña inseguridad en el corazón de Alejandro se desvaneció. Sonrió, la abrazó con fuerza por la cintura y le devolvió el beso con pasión.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....