El problema era que los regalos de Alejandro siempre eran demasiado predecibles cada año.
Al principio, a ella le emocionaban, pero ahora sentía que, después de tanto tiempo juntos, no había necesidad de forzar sorpresas. Prefería un regalo que realmente le gustara y pudiera usar.
Por eso insistió en elegirlo ella misma.
Eligió un juego de collar y pulsera con un diseño sumamente sutil y elegante.
Las piedras preciosas eran pequeñas y nada ostentosas.
Alejandro la ayudó a probárselas.
Elena pensó que el conjunto combinaba perfectamente con su estilo; era ideal para usarlo a diario en la oficina sin parecer exagerada, así que quedó muy satisfecha.
La vendedora de la joyería ya conocía a Elena.
La última vez que estuvo ahí, compró las piezas más caras y lujosas para Bianca, eligiendo siempre las piedras más exclusivas.
Sin embargo, ahora que venía acompañada de un hombre, estaba eligiendo algo bastante económico.
La vendedora no pudo evitar sospechar: ¿Acaso ese hombre tan apuesto era en realidad un mantenido sin dinero?
Cuando Elena terminó de decidirse, Alejandro intervino.
—Sofía me contó que se unió al club de violonchelo y que tiene una presentación el próximo sábado. Quiere que vayamos a verla. Tendremos que ir formales para apoyarla, así que elige otro conjunto que puedas lucir en un evento de gala.
Elena asintió.
Dado que la señora Vargas era un desastre, ellos prácticamente habían asumido el rol de tutores de Sofía.
Elena escogió entonces un deslumbrante conjunto de alta joyería.
A la vendedora le brillaron los ojos y, con una sonrisa radiante, se apresuró a explicar:
—El rubí de este collar es de treinta y cinco quilates, y está rodeado por once quilates de diamantes. Es una pieza sumamente majestuosa, ideal para ocasiones muy importantes.
En su interior, se reprendió por haber juzgado mal a ese caballero.
Claramente, su poder adquisitivo era altísimo.
Elena estuvo de acuerdo en que era un conjunto hermoso y decidió llevarlo también.
Alejandro pagó con su tarjeta sin inmutarse.
La vendedora los acompañó hasta la salida con la mejor de sus sonrisas.
El sábado, Elena, Alejandro y la pequeña Aurora fueron a la casa principal para almorzar con la anciana Vargas.
La señora Vargas también apareció.
La anciana no la había invitado a comer, pero de alguna manera se enteró y se presentó por su cuenta.
Desde que cruzó la puerta, mantuvo una expresión agria.
La anciana ni se molestó en hacerle caso y prefirió conversar con Elena y Aurora.
Aurora estaba en esa etapa donde le encantaba ser el centro de atención. Se paró frente a la bisabuela y empezó a cantarle las canciones que aprendía en el preescolar.
La anciana Vargas tenía los ojos iluminados de alegría y no paraba de aplaudir, dándole toda la atención y el cariño del mundo.
La señora Vargas miraba a su encantadora nieta y en el fondo sentía mucha ternura, con ganas de acercarse a abrazarla. Sin embargo, su orgullo y su desprecio por Elena la obligaron a fingir una fría indiferencia.
Durante la comida, al ver cómo Alejandro se desvivía sirviéndole comida y pelándole los camarones a Elena, la señora Vargas soltó un comentario amargo:
—En esta casa soy como un fantasma. Ni mi hijo ni mi hija me dirigen la palabra. Creo que lo mejor será irme a vivir al extranjero; seguro que todos serían más felices si no tuvieran que verme la cara.
Alejandro apenas le dedicó una mirada de reojo y guardó silencio.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....