Y para colmo, él acababa de decir que esa niña era su hija.
¿Acaso Alejandro estaba viviendo en pecado con esa mujer y tenían una hija ilegítima?
Después de su divorcio, Rosalía se había ido al extranjero con su hija para distraerse y acababa de regresar al país.
Por lo tanto, no estaba al tanto de quién era realmente Elena.
Lanzó una mirada cargada de desdén hacia Elena y la pequeña Aurora.
Una simple amante.
Y una bastarda.
Gente que no merecía ni estar en el mismo cuarto que ella.
Sin embargo, por respeto al poder de Alejandro, no tuvo más remedio que pedirle a su hija que devolviera el objeto.
Pero Bárbara estaba fascinada con el accesorio. Lo apretó contra su pecho y empezó a gritar.
—¡No! ¡Yo quiero este pasador!
Rosalía amaba a su hija con locura; si pudiera, le bajaría la luna y las estrellas.
Si el pasador costaba medio millón, pues lo pagaría y punto.
—Te compro este adorno. Medio millón, te hago la transferencia ahorita mismo —le dijo Rosalía a Elena.
Al escuchar eso, Bárbara miró a Aurora con superioridad.
Aurora buscó la mirada de sus padres, ansiosa. ¡Era su pasador y no se lo iba a regalar a nadie!
Alejandro le palmeó el hombro con suavidad para calmarla y se dirigió a Rosalía.
—Este es un regalo que la anciana de nuestra familia le hizo a Aurora. Es una pieza hecha a medida y no está a la venta. Devuélvelo inmediatamente.
Al escuchar que era un regalo de la matriarca de los Vargas, Rosalía supo que estaba arrinconada.
Si insistía en quitárselo, se ganaría la enemistad de toda la familia Vargas.
—Dáselo por ahora —le susurró a su hija—. Te prometo que te compraré uno igualito después.
Al ver que su madre no la apoyaba, Bárbara soltó un chillido insoportable.
—¡No se lo doy! ¡No quiero!
Nunca en su vida le habían negado nada.
Si su madre no la ayudaba, significaba que ya no la quería.
Fulminó a Rosalía con la mirada, dispuesta a hacer un berrinche colosal.
Rosalía conocía perfectamente las rabietas de su hija.
Elena suspiró aliviada al ver la sonrisa de su hija.
Sin embargo, no podía dejar de pensar en lo vulgar que había sido esa mujer.
Que Diego estuviera con alguien así solo demostraba que Dios los hace y ellos se juntan.
Después de jugar todo el día, Aurora quedó exhausta y se quedó dormida sobre el hombro de Alejandro.
Cuando los tres llegaron a casa, estaban muertos de hambre.
La señora Ortega ya tenía la cena lista.
Aurora, que había tomado una siesta en el auto, despertó llena de energía. Apenas terminó de cenar, empezó a jugar con los recuerdos que habían comprado en la granja.
Mientras Elena jugaba con ella, su teléfono sonó.
Era un número desconocido.
Elena contestó.
La voz al otro lado le resultó extrañamente familiar.
Tardó unos segundos en reconocer el tono autoritario de la anciana Valiente.
—Elena, ¿qué clase de educación le estás dando a tu hija? ¿Cómo te atreves a dejar que maltrate a mi pobre Bárbara?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico
Me gustó mucho esta novela, bastantes enemigas tuvo la protagonista, pero me gustó como terminó; me hubiera gustado saber más de como se casó Sofia y en qué terminó Diana. Pero le doy 9 de 10....
Es una novela que vives en cada fibra, te sientes que formas parte de ella ya que las emociones están al mil, me encanta mucho....