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Regreso Dominante de la Verdadera Heredera romance Capítulo 462

Esa tarde no había clases, así que Celeste aceptó la invitación de Eduardo para ir a su casa y probar los postres que él mismo había preparado.

Últimamente, Eduardo parecía cada vez más invisible en los círculos sociales. Incluso en el famoso foro de Ciudad Dorada, donde siempre comentaban sobre él, ya casi nadie hablaba de su vida. En cambio, era su papá el que todos los días aparecía en las noticias, con su agenda repleta de eventos y reuniones importantes.

Eduardo, en cambio, parecía más una sombra en su propia familia, mientras su padre se convertía en la nueva estrella de la alta sociedad.

—¿Y tú? —preguntó Celeste, recargada en la barra de la cocina, observando los vasos de vidrio tan bien acomodados—. ¿Te gusta cómo están las cosas ahora?

Eduardo estaba preparando unas bebidas. Con un movimiento sencillo espolvoreó té verde en polvo sobre la espuma, pero sus manos largas y huesudas hacían que hasta lo más simple se viera elegante.

—Todavía no es suficiente —respondió con esa calma que lo caracterizaba.

Celeste se quedó pensativa y luego lo miró de nuevo.

—¿Y qué tendría que pasar para que sientas que ya es suficiente?

Eduardo meditó unos segundos y contestó:

—Por lo menos, que él se atreva a decirme la verdad en la cara.

—¿Y todavía no se anima? —preguntó Celeste, picada por la curiosidad—. ¿Y de qué hablan cuando se ven?

Eduardo dejó el vaso sobre la barra y aclaró la garganta, imitando la voz autoritaria de su padre:

—“Eduardo, me dijeron que no has ido al hospital para tus chequeos. ¿Qué pasa contigo? Ni tú te cuidas, ¿cómo esperas que los demás lo hagan?”—

Celeste lo miró, sorprendida por lo bien que lo imitaba.

—¿Tienes más imitaciones?

Eduardo la miró de reojo y siguió, ahora con un tono más crítico:

—“¿Y dónde está tu prometida? ¿Así te cuida? ¿Tanto que peleaste conmigo para casarte con ella, y esto es lo que consigues?”—

Celeste parpadeó.

—¿Y sobre mí, qué dice?

—Siempre lo mismo —Eduardo volvió a hablar con su voz normal, entre burla y resignación—. No tiene talento, pero es muy machista. Cree que la esposa debe ser una especie de sirvienta.

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