Entrar Via

Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 119

Por supuesto que no podían terminar.

El ENIS aún no se había llevado a cabo, y Julián todavía no había recibido su carta de admisión a la universidad extranjera. Si lo dejaban hasta ahí, ¿quién iba a descargar la mercancía del puesto de comida? ¿Quién lavaría los platos? ¿Quién iba a limpiar la casa, lavar la ropa y cocinar?

¡Por supuesto que Mateo Nogales tendría que seguir haciéndolo todo!

Si no le decía esas palabras hoy, Mateo no se daría cuenta del peso de sus acciones y seguiría tratándola con arrogancia.

¡Ja! El vecino tenía razón, él era un simple cobarde. No se había equivocado.

—Beatriz...

—Mateo, no hables más. Ya estamos en los cuarenta, no somos un par de jóvenes que simplemente cortan si no se llevan bien. A nuestra edad, debemos pensar en la familia. Julia es una buena mujer, trabajadora y humilde. Si estás con ella, tampoco sería una mala idea. Mateo...

—¿Qué tonterías estás diciendo? Te juro que no hay nada entre ella y yo, solo la estoy ayudando por un par de días, al igual que al principio... —Mateo iba a recordarle que, al principio, también la había ayudado a ella de la misma manera. Sin embargo, Beatriz captó el sentido incompleto de la frase y exclamó:

—¿Al principio qué? ¡Ah! ¡Mateo Nogales, me estás diciendo que Julia no es un simple favor a Doña Lidia! ¡Fue ella quien te la presentó como un prospecto, tal como lo hizo conmigo antes!

—Oh, ya entiendo. Mateo Nogales, estás jugando al gato y al ratón conmigo. ¿Crees que teniendo un plan B puedes obligarme a hacer lo que quieres?

—¡Qué sorpresa me he llevado contigo, Mateo Nogales! Las apariencias engañan. ¿Cómo te atreves a jugar conmigo? —sollozó Beatriz a voz en cuello—. ¡Dime, ¿en qué te he fallado para que me tiendas una trampa así?!

Beatriz lloraba a gritos, acorralando a Mateo sin piedad.

Esa maldita de Doña Lidia, seguramente le había traído a Mateo esa candidata para molestarlos. Todos esos años le había llevado la contraria, y esta vez seguramente lo estaba disfrutando a lo grande.

Y esa perra de Ana... que la ayudara a ganar dinero ya era bastante malo, ¡pero encima le trajo una mujer a su padre! Increíble. Resulta que todas las artimañas iban dirigidas contra ella.

¡Y anoche fingiendo ser la víctima! ¡Seguro ya estaba de acuerdo con Doña Lidia! ¡Pua! ¡Hacer que Julián se arrodillara! ¡Esa mocosa no es digna!

Esa niña insoportable, igual que Ximena, eran un par de zorras.

Maldición... Tenía unas ganas inmensas de hacerlas pedazos.

—No, estás imaginando cosas que no son. Julia vino a la ciudad a buscar trabajo. Cuando Doña Lidia vuelva, pregúntaselo tú misma. Te aseguro que solo le estoy dando una mano, Beatriz. —Mateo se llevó las manos a la cabeza, a punto de estallar del dolor.

Beatriz resopló:

—Bien. Dices que solo estás ayudando, ¿verdad? De acuerdo, el día que vinieron a comer también fui clara, y no soy alguien celosa o rencorosa. Como Doña Lidia y su marido están en el pueblo y todavía no vuelven... entonces, ¿dónde está durmiendo ella ahora?

—Mateo, no voy a armar un escándalo. Júrámelo ahora mismo: a partir de mañana, ella vende su comida por su cuenta, tú vas a tu trabajo en la construcción, y todo vuelve a la normalidad, como era antes. Solo así haré de cuenta que nada de esto pasó. De lo contrario... —Beatriz soltó otro llanto fingido—. De lo contrario, estás jugando conmigo y manteniendo a esa mujer como tu plan B, esperando cultivar un romance con ella para luego darme una patada.

Mateo, agotado por los gritos, claudicó.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro