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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 123

Club Élite Gardenia, el club privado femenino más famoso de Puerto de la Ribera.

Este lugar solo recibía al top 20 de las jóvenes de la alta sociedad de la ciudad. Vanesa Santángel, la heredera del Consorcio Santángel, poseía tanto belleza como dinero, y era objeto de adulación de muchas jóvenes ricas y herederos de la ciudad.

Ximena había ordenado a Quintino investigar información sobre los puntos débiles de Mauricio, y Vanesa era la única persona que podía ser utilizada a su favor.

Se rumoreaba que ella era la prometida de Mauricio. El hermano de Mauricio había sido víctima de una trampa de sus rivales, lo que había puesto a la familia Mondragón en una posición crítica. Pidieron una alianza matrimonial y Vanesa estipuló que, si Mauricio se casaba con ella, la familia Santángel ayudaría a superar la crisis.

Luego, no se supo exactamente qué pasó, pero al parecer Mauricio no se casó con Vanesa y logró salvar el Corporativo Mondragón por su cuenta. Vanesa guardó rencor y aprovechaba cualquier oportunidad para dificultarle las cosas.

Por supuesto, al final la única perjudicada era ella misma. Mauricio salía ileso y sus negocios prosperaban. La familia Santángel, incapaz de soportar la humillación, le prohibió a Vanesa buscarle problemas a Mauricio bajo amenaza de desheredarla y echarla del consorcio.

Cuando Ximena escuchó esta información, su intuición femenina le dijo que podía aliarse con Vanesa.

Así que, sin siquiera cambiarse de ropa, hizo que Quintino condujera hasta el lugar y se quedó esperando en la puerta.

—Mena, mejor dejemos esto.

—Sí, Mena. Ellos son gente muy importante, nosotros somos de lo más bajo, no podemos competir con ellos.

—Mena, escucha el consejo de tus hermanos. Deja en paz a Ana Nogales. Mientras no la provoquemos más, ella no nos hará nada.

—Así es, Mena. Si este conflicto personal se convierte en un problema entre corporativos, realmente no tendremos dónde caer muertos.

Ximena se negó a escuchar. —¡Cállense todos! Ustedes son unos cobardes, pero yo no. Esto no es asunto suyo, es mi problema y lo resolveré sola.

Dicho esto, abrió la puerta de la furgoneta y bajó. Quintino y los demás no pudieron detenerla.

Uno de los matones se golpeó la pierna. —Don Quinto, ¿qué hacemos?

Quintino se rascó la cabeza. —¿Cómo voy a saberlo? Desde un principio no debimos meternos en esto. Ahora es un desastre que no podemos arreglar.

—¿Deberíamos decirle al jefe? —sugirió el matón.

Quintino le dio una bofetada en la nuca. —¿Quieres seguir vivo o no?

—Es cierto. Si el jefe se entera de que alguien consiguió pruebas contra nosotros mientras hacíamos un trabajo, nos liquidará.

—Creo que deberíamos dejar a Mena a su suerte. Faltan pocos días para el ENIS. Una vez que Julián consiga los 300,000 pesos, esto ya no será problema nuestro.

Quintino asintió. —Tienes razón, que se las arregle sola. Si el jefe pregunta, diremos todos que no pudimos convencerla.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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