Ana se rio, incrédula.
—Por supuesto que te parece que he cruzado la línea. El que nunca se ha desvivido ni ha sido tratado como el payaso del circo jamás lo entendería. ¿No tienes mucha dignidad, Julián? Entonces mantén esa misma arrogancia de hace un momento y no vengas a decirme que deje a los adultos fuera de esto. Tú mejor que nadie sabe perfectamente qué intenciones tiene tu madrecita, ¿verdad?
En su vida pasada, la humillación a la que Beatriz sometió a su padre fue tanta que el mismo Julián tuvo que admitirlo: "Como hombre, hasta a mí me da lástima verlo". Si Mateo no hubiera sido el padre de Ana, Julián y su madre lo habrían botado a la calle mucho antes.
—¡Ana!
Julián estalló en furia, haciendo el ademán de lanzarse hacia el cuello de Ana.
Esta vez, Mateo también explotó.
—¡Ya basta! ¿Les queda algún respeto por los mayores en esa cabeza o no?
Mateo solía ser un hombre de carácter blando, pero cuando se enojaba de verdad, hasta Ana tenía que guardar silencio.
—Beatriz, me llevo a los muchachos a casa. Tú descansa en la cama, vendré a verte más tarde —sentenció Mateo, recuperando su autoridad como padre—. ¡Caminen! ¿Qué esperan? ¿Acaso no han hecho ya suficiente ridículo?
Ya estaban bastante grandecitos, ¿acaso creían que él estaba pintado en la pared?
Julián no dijo una sola palabra. Se ajustó bruscamente la mochila en el hombro derecho y murmuró:
—Mamá, recupérate. Mañana paso a verte saliendo de clases.
Le lanzó a Ana una mirada rebosante de veneno.
Ana, por el contrario, mantenía una leve sonrisa, pero en sus ojos danzaba un brillo astuto y calculador.
—Doña Beatriz, aunque Julián le haya prometido ganar esos cincuenta mil pesos en el Certamen Metropolitano de Física, ¿eso significa que dejará pasar el asunto de los treinta mil pesos que ya se gastó?
El rostro de Beatriz cambió drásticamente en un segundo.
La mirada de Julián destilaba unas ganas asesinas de ahorcar a Ana.
—¡Ana!
Ana sonrió con aún más dulzura.
—Solo lo decía como sugerencia, Doña Beatriz. Incluso si fingimos que Julián nunca se gastó treinta mil pesos en Ximena, su hijo es tan bueno que seguro ganará esos cincuenta mil pesos para usted. Es el primero de su generación, ¿cómo no iba a ganarlos? Aunque, siendo realistas... ¿y si no lo logra?
—Ah, perdón, lo que quiero decir, Doña Beatriz, es que esos treinta mil pesos jamás debieron salir de sus ahorros, ¿verdad? Treinta mil más cincuenta mil, eso es un total de ochenta mil pesos. Si ya se perdieron treinta mil y él solo trae cincuenta mil, su ganancia neta es de solo veinte mil. Uy... hay una diferencia de sesenta mil pesos en su bolsillo. Pero no se preocupe, no pasa nada, para recuperarlo solo tendrá que madrugar, deslomarse y aguantar el dolor lumbar en su puesto de comida por unos cuatro meses, y lavar aproximadamente un millón de platos. Fácil.
—Recupérese pronto, Doña Beatriz. Cuide esa espalda y que sueñe con los angelitos.
Dicho esto, Ana dio media vuelta y salió de la habitación.
El rostro de Julián estaba negro de rabia.
—¡¡Ana Nogales!!
Beatriz tenía los puños tan apretados que sus nudillos estaban blancos.
—Mamá...
Julián le dio unas palmaditas condescendientes en la mejilla.
—Si te maté una vez, te puedo matar dos veces.
—Ana, agradece que sigo siendo tolerante. No tienes ni la más mínima oportunidad contra mí. No pongas a prueba mi paciencia. Sabes muy bien que puedo arruinar tu vida y la de tu padre hasta el punto en que supliquen por la muerte.
¡Pisotón!
Ana levantó el pie y le aplastó el zapato con todas sus fuerzas.
Luego, levantó la mano y le cruzó la cara.
¡Plaf!
El sonido de la bofetada resonó en el pasillo.
—Julián Ledesma, ¿todavía te crees que eres el hombre más poderoso? Despierta, ahora mismo solo eres un estudiante pobre e inútil como yo. Ah, no, perdón, yo soy mucho mejor que tú. ¿Estás tan seguro de que esos cincuenta mil pesos son tuyos? ¿De qué son tu limosna? ¿De que tú los rechazaste? Julián, muy pronto te vas a dar cuenta de quién es el que recoge las sobras del otro.
Ana lo empujó bruscamente mientras él se abrazaba la punta del pie gimiendo de dolor.
En su vida pasada, sí, Julián había ganado el Certamen Metropolitano de Física. Pero lo ganó porque ella, Ana Nogales, se aseguró de quedar en segundo lugar para cedérselo.
¿Que él lo rechazó? ¿Que era una limosna? ¿Que ella lo recogió? ¡Ja!
¡La próxima semana veremos quién le da limosnas a quién!

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