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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 85

Después de encargar la comida, Beatriz regresó al apartamento para arreglarse.

Sacó del fondo del armario un elegante vestido entallado con estampado de flores.

Frente al espejo, viendo su figura envidiable a sus más de cuarenta años, con su piel radiante y su hermoso rostro, Beatriz se sintió sumamente satisfecha.

Se puso un collar de perlas blancas. Mateo se lo había comprado el año pasado, diciendo que resaltaba mucho su elegancia.

A toda mujer le encanta escuchar halagos, sin importar que ya tuviera cuarenta años.

Aun así, Mateo le parecía poca cosa.

Otras mujeres recibían pulseras o collares de oro, mientras que unas perlas blancas, ¿qué tanto podían costar? Como máximo unos cuatro mil pesos, ¿acaso Mateo gastaría eso en ella?

Abrió el cajón y se aplicó lápiz labial, haciendo que su ya deslumbrante rostro luciera aún más coqueto. Ningún hombre podría evitar perder la cabeza al verla.

Ese inútil de Mateo, si no estaba ciego, sabría perfectamente quién era más hermosa entre ella y esa enjuta de Julia Lucero, a la que le andaba haciendo segunda. Además, llevaban doce años juntos.

Esa resbalosa, ¿quería robarle a su hombre? —Aunque no hubieran firmado los papeles, mientras ella no lo soltara, no sería el turno de esa mujer. Más le valía prepararse para lo que se le venía.

Mateo y Julia compraron en el mercado todos los ingredientes para los almuerzos del día siguiente, y luego él la apresuró.

—Julia, ya casi son las cinco, mejor terminamos de arreglar todo al volver. Vámonos directo al restaurante, no quiero que Beatriz nos espere.

Julia entendía muy bien lo que Mateo sentía por Beatriz; aunque él decía que no le importaba, todas sus acciones giraban en torno a ella.

Al ver la frente de Mateo perlada de sudor, Julia le dijo:

—Mateo, no hay prisa, aún queda media hora. Hoy estuvimos en la calle todo el día, y que Beatriz nos invite a comer a un restaurante es un gesto importante. Deberíamos ponernos algo más limpio y presentable para ir; es una forma de mostrarle respeto.

Mateo lo pensó.

—Tienes razón. A ella le gusta la limpieza. Es raro que nos invite a un restaurante; ir así de verdad sería una falta de respeto. Nos cambiaremos de ropa y nos vemos ahorita.

Julia sonrió.

Al cerrar la puerta, el corazón de Julia latía a mil por hora. Sacó la bolsa de lona que había traído desde que salió de la casa de su familia.

No tenía mucha ropa de cambio, solo prendas remendadas o cosas que sus cuñadas ya no querían.

Pero antes de que su prima la sacara de allí, le había dado un conjunto de ropa y algunos cosméticos. Julia nunca se había atrevido a usarlos, pero hoy sabía que era el momento adecuado.

De lo contrario... sentiría que le estaba fallando a Ana.

Mateo se dio una ducha rápida, utilizando la mayor velocidad de su vida para refrescarse y, de paso, afeitarse.

Se miró en el espejo, sintiéndose lleno de energía, y pensó que no se veía nada mal.

Los años habían pasado, ¿pero quién no tuvo su juventud? No era por presumir, pero en sus mejores años había sido muy guapo.

El tiempo lo había desgastado un poco, pero con una buena arreglada, seguía viéndose bien.

—Julia, ya me cambié, ¿estás lista?

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