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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 95

En el fondo, Julián ni siquiera necesitaba preguntar.

¿Acaso no conocía a la perfección la verdadera naturaleza de su madre?

En su vida pasada, cuando él se convirtió en el hombre más rico, ella intentó que dejara a Ana para arreglarle citas con hijas de familias adineradas. Y si ahora el dinero del certamen era de los préstamos que ella había pedido, era imposible que no estuviera buscando la manera de hacer que Mena lo vomitara, aunque ella no tuviera cómo pagarlo.

—Julián, Doña Lidia está inventando cosas. Está diciendo estupideces para ayudar a Ana, no le hagas caso. —Beatriz sintió que la situación se le escapaba de las manos. ¿No se suponía que iban a demostrar que Ana había conspirado con Doña Lidia? ¿Cómo terminó ella siendo la acusada de orquestar todo?

Sí, era cierto que esos tres días en el hospital no dejaba de repetirle a Doña Lidia lo que debía decirle a Ximena si se cruzaba con ella. Pero al final, Doña Lidia ni siquiera le hizo caso.

Esto seguramente era obra de Ximena; por no querer pagarle la deuda, contrató a Doña Lidia para echarle la culpa.

Sí, eso debía ser.

Julián también sentía que algo no cuadraba, pero antes de que pudiera pensar más, Doña Lidia volvió a hablar: —Doña Beatriz, ¿por qué de repente cambia de versión, igualita que Ximena? ¿Yo ayudando a Ana? ¿Por qué tendría que ayudar a esa pobre niña si llevo casi un año sin verla? Doña Beatriz, no puede ensuciar el nombre de Ana solo porque Ximena me contrató como enfermera y usted sigue queriendo recuperar su dinero.

—¡Oiga, don Mateo! ¿Sigue ahí? Le advierto que no deje que ensucien a su hija. Ana es un sol de niña. Que ustedes dos se estén peleando y haciendo trampas, ¿qué tiene que ver con ella? No le vayan a crear un trauma a la criatura. ¡Ah! Ya entendí, Julián, no querías darme una recompensa sustancial. Lo que pensabas era que yo me había puesto de acuerdo con Ana para robarles el dinero a tu madre y a Ximena, ¿verdad?

Doña Lidia estalló en furia: —¡Qué descaro! ¿Acaso esparcir rumores y calumnias ya no es delito? Estuve dándole masajes a tu madre todos los días y persiguiendo a Ximena para que me pagara. Todo lo que gané fue con el sudor de mi frente. Es mi dinero bien merecido, ¿y resulta que ahora soy una criminal?

—Julián Ledesma, por ser un mocoso te la voy a dejar pasar y no voy a pelear contigo. Pero ¿por qué eres tan mezquino, igualito que tu mamá? Si quieres gastar tu dinero en Ximena, allá tú, es tu problema. Si no sabes convencer a tu propia madre, entonces no tires la plata. Y tú, Ximena, si me contrataste para cuidar a tu suegra, al menos ten la decencia de aceptarlo. ¿Me vieron la cara de pendeja o qué?

—Escúchenme bien, los tres. En cuanto termine mis asuntos por acá y regrese, pienso poner una silla afuera de su casa para hacer justicia. Voy a traer a todos los vecinos para que escuchen cómo una mujer trabajadora como yo, que se gana la vida honradamente, termina siendo calumniada. ¡¿Dónde está la justicia divina?!

A Julián le dolían tanto los oídos por el alboroto que colgó el teléfono.

Soltó una risa sarcástica. Si Ana realmente había contactado a Doña Lidia para armar esta farsa, estaba claro que, por mucho que llamara, no sacaría nada. ¿Y qué si todo era plan de Ana? Si su madre y Mena tuvieran la conciencia tranquila, él habría destapado la mentira de inmediato.

Pero lamentablemente, ambas ocultaban algo.

¡Ana era brillante! ¡Realmente brillante!

—Julián Ledesma, la verdad salió a la luz. Tu querida Mena creyó que al contratar a Doña Lidia, tu madre dejaría de perseguirla por los treinta mil pesos. Pero el tiro le salió por la culata porque no conoce a tu madre; aunque estuviera disfrutando de los cuidados de Doña Lidia, igual le iba a exigir su dinero de vuelta.

Ximena se defendió de inmediato: —¡Yo no lo hice!

—¡Si lo hiciste o no, solo tú y tu conciencia lo saben! A mí no me interesa. ¡Julián Ledesma, de rodillas! Es momento de que cumplas tu promesa y te humilles pidiéndonos perdón a Doña Julia y a mí.

El tono de Ana no dejaba lugar a discusión.

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