Ciudad de México.
La mansión de los De la Vega en Las Lomas, un mar de luces.
El ir y venir de invitados, un murmullo constante de felicitaciones.
—¡Felicidades, Ricardo! ¡No es fácil reencontrarse con una hija después de tanto tiempo!
—Un brindis por eso, mi amigo.
Ricardo de la Vega forzó una sonrisa, a punto de responder cuando...
CRASH.
Un estruendo ensordecedor silenció el salón de fiestas.
Una joven estaba de pie junto a la torre de champaña.
Su mano delgada, con las venas marcadas, apretaba con fuerza el mantel de seda roja que acababa de arrancar.
Las copas de cristal, apiladas como una montaña, cayeron como fichas de dominó, haciéndose añicos contra el mármol.
—¡Natalia! —El rostro de Ricardo de la Vega se tornó lívido—. ¿¡Qué demonios estás haciendo!?
Al escuchar el nombre "Natalia", los invitados comenzaron a cuchichear.
—¿Oíste? A Natalia la encontraron hace cuatro años, pero los De la Vega la escondieron para que Isabela no se sintiera incómoda. Dijeron que era hija de una de las sirvientas.
—Y si no fuera porque De la Vega Corp está al borde de la quiebra y Ricardo necesita la alianza con los Sotelo de Polanco, jamás habrían revelado su identidad.
—Pobrecita...
—¿Pobre de qué? ¿Preferirías que casaran a Isabela? Natalia no creció con ellos, ¿cómo va a compararse el cariño con el que le tienen a Isabela después de veinte años?
—Además, ¿no lo has visto? Tiene el ojo izquierdo ciego.
—Dicen que por ahí se enredó con un tipo de mala muerte... no solo la usó, sino que la convenció de donarle una de sus córneas.
—Una cualquiera como ella... ¿qué importa si lleva la sangre de los De la Vega? Nunca dejará de ser una vergüenza.
Natalia, de pie en medio de un mar de cristales rotos, enfrentó las miradas de desprecio de todos.
—Escuché que han venido a felicitar a los De la Vega por encontrar a su verdadera hija, ¿es así?
Con un movimiento brusco, arrojó el mantel rojo al suelo.
Sus ojos brillaban con la misma rebeldía desafiante de cuando llegó a esa casa por primera vez, cuatro años atrás.
—¡La hija de los De la Vega! ¡Que lo sea quien quiera, a mí no me interesa!
La mirada de Ricardo se endureció.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renací para Destruirlos: De Heredera Asesinada a Pesadilla de mi Familia