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Renací para Destruirlos: De Heredera Asesinada a Pesadilla de mi Familia romance Capítulo 3

En un terreno baldío en las faldas del Ajusco, la noche era densa y el viento soplaba con un lamento helado.

De repente, entre la maleza, asomó la cabeza de un animal.-

Parecía un coyote.

Sus ojos, de un amarillo verdoso, brillaban con una luz salvaje y penetrante, fijos en la joven que yacía moribunda en el suelo.

Para una bestia muerta de hambre, el olor a sangre era una invitación irresistible.

Saltó fuera de la maleza y se abalanzó sobre ella, clavando sus colmillos en la frágil muñeca de la joven.

En el instante en que los dientes perforaron su piel, Natalia abrió los ojos de golpe, el dolor en su mirada era casi tangible.

¿Así que esto era...?

¿Estar muerta?

¿Dónde estaba ahora?

El dolor de la carne desgarrada la obligó a levantar la cabeza.

Al segundo siguiente, sus ojos se encontraron con los del animal.

Ese contacto visual la despertó por completo.

Natalia levantó su otra mano y la hundió con saña en los ojos del coyote.

—¡Auuuu!

El aullido del animal resonó en la noche como un espectro.

Natalia, de rodillas, le apretaba el cuello con una mano, mientras que con la otra empuñaba una rama larga y afilada que ya había atravesado limpiamente la garganta del coyote.

Mantuvo la posición, asegurándose de que la bestia bajo ella no mostrara signos de vida, y lentamente la soltó.

Miró a su alrededor. Hierba alta, árboles retorcidos, piedras por doquier y el zumbido de mil insectos.

Era el Cerro del Coyote, en las afueras de la Ciudad de México.

¡La escena era idéntica a la de una noche de hacía cuatro años!

Porque Isabela "se había caído" por las escaleras cuando bajaban juntas, Carmen la había castigado, obligándola a arrodillarse en el patio para "reflexionar".

El agotamiento la hizo desmayarse.

Cuando despertó, se encontró abandonada en este desolado cerro.

Natalia se incorporó, apoyándose en el suelo para levantarse.

En este momento, la repetición de los hechos y el entorno familiar apuntaban a una sola verdad.

¡Había regresado!

Había vuelto a cuatro años en el pasado.

—Gracias por preocuparte, Santi.

Justo en ese momento, "¡PUM!".

La puerta principal se abrió de golpe.

Natalia estaba de pie en la entrada.

Llevaba una camiseta blanca barata, rasgada en dos sitios, unos jeans deslavados y unos Converse blancos cubiertos de lodo.

Su atuendo, en medio de la opulenta mansión, era un grito de disonancia.

Mateo alzó la vista, le dedicó una mirada fugaz y la retiró, indiferente.

Leonardo, que cortaba un filete con su camisa de diseñador, frunció el ceño con una pizca de asco.

—¿Cómo te has puesto así?

Natalia no dijo nada, simplemente caminó hacia la mesa.

—Ve a limpiarte antes de comer —le advirtió Leonardo—. La salud de Isabela es delicada, no le vayas a pasar alguna bacteria.

Natalia lo miró sin expresión y se dio la vuelta para subir las escaleras.

Leonardo se quedó desconcertado.

Eso fue... inesperado.

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