—Natalia —intervino Ricardo—. Dejemos el tema del maquillaje por ahora.
La examinó con la mirada.
—Vaciarle un plato de comida en la cabeza a tu hermano, ¿esa es tu educación?
—¡Papá, castígala! —dijo Santiago a su lado, apretando los dientes.
Natalia soltó una risita.
—Papá, solo escuchas a Santiago decir que le tiré la comida encima, ¿por qué no preguntas qué hizo él antes?
Ricardo se quedó perplejo por un momento, y luego, con el ceño fruncido, le preguntó: —¿Qué hizo Santiago?
—¡Papá! —Santiago se giró de inmediato hacia Ricardo—. ¡Solo le estaba sirviendo a Isa, y Natalia se puso celosa! ¡Qué envidiosa es!
Al principio no entendía por qué Natalia había cambiado tanto, pero después de pensarlo toda la tarde, llegó a la conclusión de que debía ser por celos hacia Isabela.
¡Era una persona mezquina!
—¿Solo le estabas sirviendo a Isabela? —lo desafió Natalia, mirándolo fijamente—. ¿Y qué hay de que no dejabas de girar la bandeja para que yo no pudiera comer? ¿Por qué no lo mencionas?
—¡No es cierto! —negó Santiago rotundamente, señalando a Natalia y dirigiéndose a Ricardo—. Papá, no le creas.
—Papá, Mateo también estaba en la mesa, pregúntale y lo sabrás —dijo Natalia con calma.
Ricardo mandó llamar a Mateo de inmediato.
—Mateo, ¿qué pasó en la mesa al mediodía? ¿Tu hermano hizo algo fuera de lugar?
Mateo miró a Santiago en silencio, y luego a Natalia.
Toda la tarde en la oficina, las palabras de Natalia resonaban en su cabeza: "Mateo, tu actitud de santurrón me da asco...".
No entendía por qué le afectaba tanto una frase. Apenas y reconocía a esta supuesta hermana, pero el desprecio y la frialdad en los ojos de Natalia lo habían herido.
¿De verdad era tan santurrón y parcial a sus ojos?


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